Veredas livianas

Noelia Santos

nsgemez@eldiadecordoba.com

No es ciudad para bicis

El Ayuntamiento de Córdoba ha presentado el borrador de una futura ordenanza de movilidad configurada con el peatón como eje central, y necesaria, especialmente, ante lo urgente de regular la circulación de los patinetes eléctricos. Nadie duda de la buena intención del Consistorio a la hora de esbozar esta nueva normativa que las asociaciones de peatones y ciclistas venían exigiendo desde hace tiempo.

Córdoba es una ciudad para andar, amable para el peatón, interesante para el turista, refugio para viandantes ávidos de ejercicio físico. No es ni mucho menos un error considerar a ese peatón como clave en toda la norma que se articule a su alrededor, pero conociendo las primeras particularidades del texto sí que parece cuanto menos un castigo para la bicicleta.

Cuando se tiene tan cerca el ejemplo de Sevilla es irremediable no sentir algo de envidia por la capacidad que ha tenido la capital andaluza a la hora de tejer un mapa de carriles bicis que conecta prácticamente toda la ciudad. Córdoba, de la misma forma que está hecha para andar, también podría estarlo para pedalear. Sin embargo, las inversiones prometidas nunca han terminado de cuajar y las que llegaron se encuentran ya en la unidad de cuidados intensivos (no hay más que ver el estado de esta vía por zonas como la avenida Barcelona, y solo es un ejemplo de muchos).

Ahora, la nueva ordenanza equipara en casi todo a la bici con el patinete eléctrico y creo que, ni mucho menos, son vehículos comparables. Será obligatorio bajarse de la bici cuando se circule por vías peatonales como Cruz Conde o Capitulares y lo mismo habrá que hacer cuando se cruce un paso de peatones. Y, por supuesto, no se podrá circular encima de ella por las aceras.

Que los ciclistas somos en ocasiones una molestia nadie lo pone en duda, pero frenar el avance de este vehículo por vías amplias es un tremendo error. Más aún cuando no existe alternativa. Es lógico que haya que dejar de pedalear cuando alguien se adentra en el Casco Histórico, pero tener que hacerlo en grandes avenidas no tiene ni pies ni cabeza. La alternativa es andar, sí, pero cuando hay que recorrer distancias especialmente grandes no apetece tanto. La otra es circular con la bici por la calzada, junto a coches que sobrepasan en ocasiones los 50 kilómetros por hora y cuyos conductores no suelen mostrar amabilidad por estos vehículos de dos ruedas. La mejor alternativa, eso sí, sería construir los carriles bicis prometidos y arreglar los actuales (los que tienen árboles en medio de los dos viales) y no sustituirlos por ciclocalles cuyo modelo, ha quedado claro, no funciona.

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