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Hacía mucho tiempo que en Córdoba no coincidían dos buenas exposiciones como las que se inauguraron la pasada semana en la Sala Vimcorsa y en la Fundación Cajasol. Esta última se vende sola al incluir obras de artistas como Barceló, Chillida, Miró, Saura o Tàpies, que se acompañan de otros autores más desconocidos por el gran público aunque no por ello menos importantes. Sin embargo, la muestra de Vimcorsa, que incluye piezas de diez artistas cordobeses, ha sido la gran sensación.

Bajo el nombre de Islas al mediodía, el colectivo Córdoba Contemporánea ha logrado exponer por primera vez en su tierra, una ciudad que no siempre les ha mostrado su apoyo. Y no me refiero a los ciudadanos, sino a las instituciones públicas, que son las que gestionan los pocos espacios expositivos con los que cuenta Córdoba. Porque hay que recordar que desde el cierre de Carmen del Campo, en 2017, en esta ciudad no hay galerías de arte privadas. Esto obliga a los artistas a depender del criterio de las administraciones a la hora de programar y la calidad de la propuesta creativa queda en muchos casos relegada al gusto de quien elige desde lo público. Esto hace que haya ciertos elegidos, o por qué no llamarlos privilegiados, cuya obra se exhibe cada cierto tiempo en esos espacios públicos. Sin embargo, hay otros que nunca aparecen en esas programaciones. Y, repito, no se trata de calidad.

Hace años que ese criterio está enfocado en hacer creer al público que arte contemporáneo es el abstracto, el absurdo y el que no se entiende, discriminando sin pudor a la figuración. Hemos llegado a un punto en el que un plátano pegado a una pared con cinta aislante se vende por 120.000 dólares, como ocurrió el pasado diciembre en una feria de Miami; o denominamos como arte a unas bolas de esparto tiradas en el suelo, a vidrios rotos sobre una piedra (como los que había en la fachada de casa de mis abuelos para que no se colara ningún caco), a un círculo hecho con carpetas archivadoras o a un vaso con agua; todas ellas creaciones que se han expuesto en Arco en los últimos años. En definitiva, el arte como un saco en el que cabe todo.

El éxito de Islas al mediodía radica en que muestra la realidad de lo contemporáneo -"Perteneciente o relativo a la Edad Contemporánea", según la Real Academia de la Lengua- y, por tanto, incluye obras de estilo más abstracto, pero también figurativas, como lo son la gran mayoría de ellas. Por fin podemos ver en Córdoba los bellos paisajes de Francisco Escalera, los maravillosos retratos de María José Ruiz y de Rafael Cervantes, las imponentes esculturas de Belmonte o los fascinantes personajes de José Luis Muñoz. Y todos ellos juntos en una misma sala. Seguiría así, uno por uno, hasta repasar a los diez componentes de este colectivo creado precisamente para reivindicar la diversidad del verdadero arte.

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