Las dos orillas
José Joaquín León
Ucrania aún resiste
No suele ser costumbre en esta columna que yo les atribule con mis cuitas docentes pero como nunca se puede decir que cierta agua no se probará, y dedicado a mis compañeras y compañeros que en estos días están en la ardua tarea de evaluar los exámenes de la convocatoria extraordinaria de febrero, les quiero compartir estas palabras que versan sobre la recién publicada Ley Andaluza de Universidades. Como todas las leyes ha sido aplaudida por unos y denostada por otros. No les quepa duda que si el legislativo hubiera estado dominado por los otros, entonces se hubieran invertido los aplausos y pitos. Ya estamos acostumbrados a que nuestra clase política argumenta siempre de ese modo. Entre las novedades de la ley está el hecho de requerir un nivel B2 en un idioma comunitario, entiendan que además del castellano o español. Hasta el momento para obtener la titulación de grado se exige solo un nivel de B1. Yo argumento que después de estar estudiando inglés, generalmente ese es el idioma extranjero que cursan la mayoría de nuestros jóvenes, durante toda la enseñanza obligatoria lo suyo sería que todos nuestros jóvenes ya obtuvieran ese B1 al acabar el bachillerato; en particular con la enorme facilidad de medios que existen hoy para ese estudio. Ya no necesitamos las cintas de casete para oír el inglés, los más viejos sabrán a lo que me refiero. Y qué decir de las facilidades actuales para viajar a Londres o Manchester, aunque sea para ver al Madrid o el ‘Barsa’ jugar en la Champions. Por cierto, y a cuento de eso, yo me pregunto si finalmente el presidente de España hasta 2027 termina convenciendo a los europeos que el catalán debe ser un idioma reconocido en Bruselas, entonces… ¿Los estudiantes catalanes que quieran estudiar fuera de su región autónoma o país oprimido por el imperialismo español podrán presentar como idioma extranjero un B2 de castellano? Dirán ustedes que estoy delirando, digo argumentando, con bastante mala uva. Volviendo a la realidad les confieso que mis compañeros y compañeras, que corrigen en estos días, me revelan que más que pedir el B2 de inglés habría que pedir el B2 de castellano a muchos estudiantes de esta tierra cuya capacidad de expresión y argumentación en el idioma de Góngora y Lope es bastante pobre. Casi tan pobre como la ministra cuyo argumento para explicar la derrota de su partido en Aragón fue que la derecha había alimentado a los gremlins. Que “nivelazo” de argumento, oiga. Vale.
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