La otra orilla

Zoom socioeconómico

Necesitamos entender el mundo para poder caminar sobre él. La tecnología actual nos lo permite

Hay muchas aplicaciones de mapas que te permiten hacer zoom abajo y arriba, alejarte o acercarte de un lugar, ver la calle en la que vives o el mundo desde lejos. Es un ejercicio curioso, a nivel geográfico, porque puedes ver tu coche aparcado en tu calle, y en dos segundos desplazarte hasta una playa del Caribe, a un bosque en Alemania o a un suburbio de alguna ciudad africana. A nivel geográfico, digo.

Pero también, aunque no es tan visual, podemos hacerlo a nivel socioeconómico. Podemos conocer, buscando en los medios de comunicación, índices de pobreza, de riqueza, de malnutrición, de desempleo, de cobertura sanitaria, de casi cualquier cosa. Podemos. Aunque no sé si queremos. Porque eso de vivir en un mundo global no siempre se traduce en un interés por el mundo. Más allá de que sea un enorme comercio abierto 24 horas, o un inmenso crucero de vacaciones con mil destinos a los que ir.

Quiero decir: nuestro interés por el mundo empieza y acaba en nosotros. Nos gusta saber que el mundo está ahí, cerca, para comprarlo, fotografiarlo, visitarlo, pero volvemos siempre al salón de casa. Y cuando digo casa léase Europa, Estados Unidos, Inglaterra o China, cualquiera de las centrifugadoras económicas e ideológicas que están en marcha en la actualidad. El selfie es el paradigma de este comportamiento: fotos en las que salen las cataratas del Iguazú, un poblado del sur de África o un templo budista, pero en cuyo centro siempre estoy. Como si esa realidad existiera en referencia a mi propia existencia.

Es complicado mudar este comportamiento. Pero creo que es importante. Porque la maraña de intereses, de problemas y de retos que tiene cada rincón del planeta necesita ser entendida de forma global. Hay que acercarse al templo budista no sólo por lo que puede interpelarme, sino por el impacto que esa religión tiene en la historia de la humanidad o las connotaciones que pueda tener en el actual jeroglífico religioso. Hay que acercarse al poblado africano no por el impacto cultural, sino por entender hasta qué punto es imposible entender la humanidad y el progreso sin cada uno de los poblados rurales del mundo. Etc.

Es un ejercicio que deberíamos hacer. Necesitamos entender el mundo para seguir caminando sobre él. La tecnología actual nos lo permite. Los que sean capaces de hacer este ejercicio estarán en mejores condiciones de protagonizar el futuro. Espero que no sean sólo los depredadores.

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