EL interior del Palacio de Viana se ha visitado hasta ahora de noche en contadas ocasiones. Con motivo del Concurso de Patios y poco más. La iniciativa puesta en marcha este verano de abrir las puertas al anochecer de los viernes ofrece una dimensión desconocida de este recinto que nunca se llega a conocer del todo, porque siempre sorprende. La pauta común a las visitas nocturnas de cualquier lugar es la que puede ofrecer tanto la iluminación artística como el encanto de poder recorrerlo a unas horas inusuales. En el caso de Viana es distinto, porque se suman las peculiaridades de las noches de verano en Córdoba. El carácter de palacio vivido se acentúa ahora con sus puertas y ventanas abiertas, desdibujando las fronteras entre interior y exterior; la iluminación de las habitaciones, más cerca de lo doméstico que de lo monumental; el encanto de la tierra recién regada y de la vegetación que se recompone tras un día de calor infernal. Las especies de los patios y del sorprendente jardín cobran vida y ofrecen unos olores que son un descubrimiento para los urbanitas cuyo olfato sólo se estimula con el ambientador de turno: la proliferación del aire acondicionado ha hecho que en las casas ya no huelan a jazmines, porque estas modestas flores necesitan del calor para dar sentido a su efímera vida. Un recorrido nocturno por el Palacio de Viana es, por tanto, acercarse al verano en su más pura esencia y que aún sigue viva entre nosotros.

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