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Cambio de sentido

Vengo buscando pelea

En tiempo de elecciones el silencio no es rentable; por eso, quien no tiene nada que decir, grita

Se abre el telón: octubre de 2019, Valencia. Proyección de la reciente película de Amenábar. Seis lumbreras, como fantasmas que hubieran atravesado el tiempo y la pantalla, irrumpen en el cine al grito de "España, una, grande y libre" y "Viva Cristo Rey" (que me pregunto yo qué tendrá que ver Cristo con estos individuos). Les hubiera quedado genial haber gritado además aquello de "¡Muera la inteligencia!". ¿Cómo se titula la película? Mientras dure la guerra, y está claro que las cenizas de aquella guerra incivil -válgame la expresión unamuniana- tienen quienes prefieren conservarlas tapaditas y avivarlas por lo bajo a aventarlas, a orear la tierra y a vivir por fin con anchura y en paz.

Que una patulea de ultras vaya a reventar actos o partidos de fútbol resulta casi pintoresco; estrechos de parietales y duros de mollera hay y se sobrellevan con resignación en todas las facciones. Lo realmente grave e intolerable es que personas a la cabeza de formaciones políticas con presencia parlamentaria, o que ocupan cargos en los gobiernos autonómicos o locales -da igual del color que sean- abran la boca y dejen el aire emponzoñado de bilis negra, leche agria y mentiras cochinas. En esto se lleva la palma la murga ultramontana. Saben lo que se hacen. Parece que esta es la consigna: a las puertas de unas elecciones el silencio no es rentable; así que si no tienes nada que decir, por lo menos grita. Les falta cantar, por Antonio Molina, el "vengo buscando pelea". Y así estamos, que nos sangran los oídos de escuchar los dislates de Ortega Smith, que lo mismo estás en Gibraltar y te lo ves llegar a nado, que se inventa que las 13 rosas torturaban, asesinaban y -atención- violaban. A ver si cuela, así, a lo loco, sin pruebas de que estas mujeres asesinadas por la represión franquista cometieran ningún delito. Casado ya se ha enterado de que le renta en las urnas desarrimarse de tan desquiciada carcunda.

Lo más cansino del paso de estos exaltados por la política española del XXI es que nos van a dejar el lenguaje hecho un asquito, y nos tocará limpiar el léxico, derribar para volver a reedificar palabras de las que quieren apropiarse, tan importantes para muchos como "español", "antiespañol", "concordia", "verdad", "dignidad", "igualdad", "libertad" e incluso "derecha" y "Dios". Quienes vengan, apretados los puños, buscando pelea, nos encuentren demasiado ocupados releyendo qué dijo Miguel de Unamuno sobre estos conceptos y aquellos ineptos.

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