Editorial

Santiago Herrero, un andaluz para la CEOE

EL presidente de la patronal andaluza, Santiago Herrero, anunció ayer en la junta directiva de la CEOE su candidatura a presidente de la organización que agrupa al empresariado español. Deberá competir, en principio, con el líder de la patronal catalana, Joan Rosell, y con el de la patronal de las empresas tecnológicas, Jesús Banegas, que ya se habían presentado como candidatos. Herrero ya intentó hacerse con el cargo en 2007, cuando se retiró el veterano José María Cuevas, siendo derrotado por Gerardo Díaz Ferrán. Pero la situación es ahora bien distinta. Por un lado, en aquella ocasión sólo votaron los once vicepresidentes de la CEOE, mientras que el próximo 21 de diciembre el cuerpo electoral lo integran 846 delegados en representación de las 230 organizaciones territoriales y sectoriales que integran la patronal. Eso da más oportunidades de granjearse los apoyos precisos para salir victorioso en las urnas. Por otro, la CEOE se encuentra actualmente en una situación delicada tras la dimisión forzada de Díaz Ferrán, cuyas vicisitudes como empresario en quiebra le deslegitimaron para continuar en el cargo y propiciaron una crisis grave de credibilidad y representación en la CEOE. En este sentido puede decirse que Santiago Herrero parte con ventaja en la carrera, puesto que su modelo organizativo se decanta por la profesionalidad en la gestión, al estilo de la practicada por él mismo al frente de la CEA, y por la separación entre las actividades como empresario particular y el puesto institucional de portavoz y máximo representante de todo el empresariado nacional. El presidente de la CEA ha sido, por otra parte, defensor firme y continuado de la concertación social, un principio que, sin perder la autonomía de la organización, le ha permitido alcanzar acuerdos fructíferos durante muchos años con el Gobierno andaluz y con las centrales sindicales mayoritarias. Puede ganar y puede perder, pero es evidente que Santiago Herrero supone una apuesta sólida y eficaz para llenar el vacío de representatividad en la CEOE y aglutinar los intereses de los empresarios españoles. Son ellos los que tienen la palabra y el voto.

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