Ignacio Martínez

Rubalcaba mandó a parar

Hoja de ruta

06 de noviembre 2010 - 01:00

EL trato de guante blanco del Gobierno español al régimen venezolano ha sufrido ayer una brusca ruptura. Saludable. Ustedes se preguntarán cómo es que le consentimos al coronel Chávez sus bravatas, amenazas e insultos. Por qué se lo consiente el Gobierno que nos representa. La respuesta de manual es que la diplomacia se inventó para defender intereses y España tiene muchos en Venezuela. Este país es un buen cliente que nos compra barcos, aviones, vehículos, maquinaria... Allí operan grandes compañías nacionales. Repsol tiene importantes prospecciones petrolíferas y gasísticas. A Telefónica un corralito montado por el autoritario presidente venezolano le impidió repatriar mil millones de euros el año pasado. Hace dos, el caudillo bolivariano nacionalizó la filial del Banco Santander. Iberdrola fabrica centrales de ciclo combinado.

Así que cuando el coronel se nos encara, pues tendemos al pragmatismo. Salvo excepciones. Hace tres años, en una cumbre iberoamericana en Chile, Chávez despotricaba contra José María Aznar, a quien tildó de "fascista y conspirador", porque siempre consideró que había estado detrás del intento de golpe de Estado para derrocarle en 2002. Zapatero le reprochó sus insultos y le pidió respeto para un presidente democráticamente elegido por el pueblo español. Y ante las constantes interrupciones del líder venezolano, el Rey le sacudió el mundialmente famoso "por qué no te callas".

Ahora la discusión no es sobre privatizaciones, intereses comerciales o susceptibilidades. La cuestión es saber si el régimen venezolano está o no amparando a etarras en su territorio. Dado el estrecho concepto de la justicia del coronel (que intentó llegar al poder en un golpe de Estado en 1992 y lo consiguió por las urnas en 1999), cada vez que un juez le reclama algo al Estado venezolano la emprende contra el Gobierno español. Ayer la Cancillería de Caracas hizo un comunicado en el que acusaba a varios ministros españoles de "cobardía política", por endosarle "al Gobierno y al pueblo de Venezuela" el fracaso de la lucha contra ETA. El coqueteo del régimen de Chávez con la narcoguerrilla colombiana de las FARC, muy evidente durante el mandato del presidente Uribe, es un mal precedente sobre ETA.

En fin, la novedad del día es que llegó Rubalcaba y mandó a parar. En la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros el plenipotenciario aseguró que hay "profundo malestar" en el Ejecutivo español ante unas acusaciones que considera "inaceptables e injustificables". Ya era hora. Este es un cambio de estrategia muy atinado. Venezuela tiene la obligación de luchar contra todo tipo de terrorismos y de colaborar con los gobiernos democráticos. Sin astracanadas. Sin bravuconadas. En caso contrario, hay que poner al coronel y a su régimen en su sitio. Como diría Carlos Puebla, se acabó la diversión.

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