Raphael o la profesionalidad

Raphael impregnó una época convirtiéndose en parte de su memoria sentimental y se ganó el respeto de todos

17 de septiembre 2023 - 00:30

Ningún cantante español se ha ganado el respeto de toda la profesión –por opuestas y hasta incompatibles que fueran sus estilos– y de los españoles –por opuestos y hasta incompatibles que fueran sus gustos– como Raphael. Escribía el compañero Gonzalo Gragera en su crónica del concierto que ofreció el viernes ante más de 7.000 espectadores: “Todo el mundo está de acuerdo con Raphael, todo el mundo alaba a Raphael, y no es para menos, con tantos momentos de felicidad que nos ha regalado”.

Es cierto en presente gracias a su extraordinaria profesionalidad, solo comparable a la de los grandes crooners americanos y franceses –como los Benet, Becaud o Aznavour que tanto admiró y pisaron escenario hasta que el cuerpo les aguantó–, que le ha hecho ganarse un merecidísimo respeto tenido de admiración. Pero no es cierto si se dice en pasado.

En los 60 y los 70 había, por lo menos, cuatro Españas en lo que a gustos musicales se refiere: la raphaelista quizás después ampliada a julioiglesista, la yeyé después reconvertida en pop, la rockera y la de los cantautores. A las que se puede sumar la de la copla clásica o revitalizada por las flamencas yeyés o la Jurado. Entre la primera y la segunda podía haber concomitancias, como también entre la tercera y la cuarta. Pero desde luego quien escuchaba a Llach, Serrat, María del Mar Bonet, Raimon, Aute o Rosa León no solo no oía a Raphael por cuestión de gustos, también lo detestaba como símbolo del franquismo político y sociológico.

Pero la cultura de masas tiene la capacidad de impregnar una sociedad hasta acabar representándola. El primero que lo percibió fue Basilio Martín Patino en su magistral y conmovedora Canciones para después de una guerra, en la que hacía la crónica-denuncia sentimental de la España de los años 40 y 50 con las canciones de Imperio Argentina, Estrellita Castro, Concha Piquer, Miguel de Molina o Antonio Machín. Antes de que se ganara el respeto de todos, Raphael impregnó hasta tal punto su época que sus canciones formaron parte de las vidas de todos nosotros, nos gustara o no. Me di cuenta hace muchos años, cuando su Tamborilero alcanzó en mi Navidad el mismo poder evocador que Los campanilleros de la Niña de la Puebla. A esta capacidad para impregnar una época convirtiéndose en parte de su memoria sentimental, se añadió después el respeto de todos que se ganó con su admirable profesionalidad.

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