Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Hipercentralismo

La crisis sanitaria de Madrid se utiliza para derribar a su presidenta, pero eso no borra su incapacidad para el cargo

Hasta algunos dirigentes andaluces del PP -es verdad que aún recelosos de Pablo Casado- se han preguntado por qué Ciudadanos no consiguió la presidencia de la comunidad de Madrid en la negociación que mantuvo con su partido, por qué aceptaron que Isabel Díaz Ayuso fuese la presidenta de una institución que ya venía muy tocada por una sucesión de casos de corrupción de los populares madrileños. Ignacio Aguado, de Ciudadanos, podría haber sido presidente del ombligo de España y José Luis Martínez-Almeida, alcalde. La razón no es otra que el tutelaje que Génova ejerce sobre Díaz Ayuso, que fue una apuesta personal de Pablo Casado, y sobre la que hoy se cierne un torbellino político y sanitario de dimensiones nacionales.

Madrid nos puede llevar al encierro de todo el país. Ocurrió en marzo, nadie se atrevió a cerrar la capital porque es el corazón que bombea la logística de todo el país. La gran paradoja de la España de las autonomías es que ha alumbrado un hipercentralismo económico que es un riesgo en sí mismo. La cabeza no puede ser separada del cuerpo.

Por eso, porque ahora sabemos más, su viceconsejero de Salud, Antonio Zapatero, el médico que dirigió el hospital de Ifema, propone que se cierren determinados barrios donde la tasa de incidencia del coronavirus supera el 1.000 por 100.000 habitantes. Es decir, que en los últimos 14 días se ha infectado el 1% de la población de estas zonas. Zapatero fue fichado por Ayuso en un momento de desesperación. Se le había marchado la anterior directora general de Salud Pública, Yolanda Fuentes, porque se negó a firmar el pase de Madrid a la fase 1 el pasado 11 de mayo. Polvos y lodos.

Ésta es la crisis sanitaria. La otra es la política. Pedro Sánchez cree que puede desmontar el engranaje del casadismo del PP con la sustitución de una única pieza, sustituir a Ayuso al frente de la comunidad por Aguayo o Gabilondo supondría el derrumbe del poder de Casado en su partido. Por eso, Sánchez le riñó a Inés Arrimadas hace 15 días en el Congreso, cuando recriminó a Ciudadanos que todavía estaba en la foto de Colón. No fue un calentón -de hecho, no respondía a Arrimadas, sino a Rufián-, fue el señalamiento del precio de un acuerdo. Y para este derribo político se está utilizando la mala gestión sanitaria de Madrid, es cierto, pero eso no borra los graves desaciertos de su Gobierno regional ni la incapacidad de una presidenta para gestionar algo más que una cuenta de una mascota en las redes sociales.

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