Alberto González Troyano

Despotismo oriental

Brindis al sol

El Gran Depredador oriental ha vuelto con unas características que se suponían extirpadas gracias a siglos de civilización

14 de marzo 2022 - 01:51

Déspotas y tiranos han sido personajes frecuentes en la literatura. Primero, los clásicos griegos y más tarde, en grado sumo, Shakespeare, buscaron en sus obras, exponer los mecanismos psicológicos y sociales que movían a figuras destinadas a causar tanto daño colectivo. Después, a partir de finales del siglo XVIII, sobre todo en Europa, los representantes del despotismo y la tiranía se eclipsaron, en la vida y en la literatura, porque ese tipo de poder personal y absoluto cayó en desprestigio y fue sustituido por un nuevo modelo de poder: el encarnado por las ideas y creencias. Y así, desde entonces, las persecuciones y guerras no las promovía un déspota cruel, porque eran arropadas bajo ideales modernos como revolución, nación, patria, igualdad, comunismo o descolonización. Los nuevos dictadores, Franco, Mussolini, Hitler, Stalin o Mao ejercieron el poder como los déspotas de antaño, pero cobijados bajo la cobertura de un ideal movilizador. Se rendía de esta forma un cierto culto a unas apariencias simbólicas que ejercían al mismo tiempo de contrapoder. Había, cuando menos, que atenerse públicamente a unas ínfimas pautas. Incluso Hitler y Stalin debieron respetar algunas convenciones. Pero todo eso se ha evaporado en las últimas décadas. Solo hay que observar los mecanismos implantados por Putin, este nuevo modelo de déspota, en sus actitudes políticas y, sobre todo, en su reciente guerra en Ucrania. Ya no se siente obligado a mantener creencia ni promesa alguna. Solo difunde un difuso discurso que a nada le compromete: su voz y su voluntad se han hecho tan líquidas como sus propias convicciones. Es decir, la explosión del más puro nihilismo, ante el cual toda Europa se ha quedado boquiabierta. Creían los europeos que esa exhibición de tiranía había desaparecido. Pero no. Y resulta sorprendente a este respecto, la similitud de la actual postura putiniana con lo que Wittfoge contó en su célebre libro el Despotismo oriental. Tal como si en Rusia hubiera estado aletargado ese antiguo germen, esperando la ocasión para regresar de nuevo. Todo esto, enfrentándose sin paliativos, además, a un occidente geográfico y cultural que se ha quedado pasmado. Porque creía que el retorno de las oscura tiranías ya no era posible, si acaso solo en algún libro de exótica ficción. Pues no, el Gran Depredador oriental ha vuelto, en carne y hueso, con unas características que se suponían extirpadas gracias al esfuerzo de siglos de civilización.

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