La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Bond y la secta nevería

Bond, James Bond, y Barry, John Barry, se corresponden a nevería, selecta nevería, del verano y sus cines

John Barry siempre, pero en verano más. Quizás porque su primera fama se la dieron los productores Saltzman y Broccoli encargándole, primero, el Tema de James Bond para Dr. No en 1962, cuando tenía 28 años y se había hecho un nombre con su grupo beat The John Barry Seven; después, en 1963, la banda sonora de Desde Rusia con amor menos el tema principal cantado por Matt Monro, que encargaron al valor seguro Lionel Bart que acababa de obtener un gran éxito con su musical Oliver!: se ve que los productores eran cautos con el joven compositor. El resultado fue tan brillantemente innovador que en 1964 le encargaron la banda sonora íntegra, canción del tema principal incluida, de Goldfinger: nació el sonido Bond (hay un estupendo documental que les recomiendo: The Bond Sound: The Music of 007) y la canción interpretada por Shirley Bassey se convirtió en un número uno. Tras ello vinieron los otros ocho Bond que hoy son parte de la mejor, más innovadora y más influyente historia de la música en el cine.

Esto unió a John Barry, James Bond y el verano. Objetivamente porque en la mayor parte de las películas del canon conneryano el mar y las playas tienen su importancia desde el nacimiento de Venus que protagonizó Ursula Andress en Dr. No al inicio de Goldfinger en la piscina del hotel de Miami, la apoteosis subacuática de Operación Trueno o las buceadoras buscadoras de perlas de Solo se vive dos veces.

Subjetivamente porque vi mis primeros Bond, tras frustrantes rechazos en las taquillas por ser para mayores de 18 años, en los más tolerantes cines de reestreno en temporada veraniega y en los cines de verano: Operación Trueno en el Trajano, mucho antes de su conversión en sala de arte y ensayo, y Goldfinger en un cine de verano de Nervión cuyo nombre no recuerdo que estaba en un solar de la plaza Antonio Aparicio Herrero. Este aspecto subjetivo tiene el matiz objetivo del éxito de los Bond en los cines de verano temporada tras temporada hasta el destrozo del celuloide. Y aún más subjetivamente porque antes, allá por el verano de 1966, me regalaron mi primer elepé de John Barry, Operación Trueno, que oía con el obsesivo gozo de los descubrimientos una y otra vez y determinó ya del todo una vocación que tuve la suerte de cumplir. Así que Bond, James Bond, y Barry, John Barry, se corresponden objetiva y subjetivamente a nevería, selecta nevería, del verano y sus cines.

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