La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Estamos en 2024, no en 1936

Cabe preguntarse si recurrir a la Guerra Civil para aludir a la actual situación política es o no un discurso de odio

Si buscan “discurso de odio” en la web de las Naciones Unidas podrán leer: “La Estrategia y Plan de Acción de la ONU para la lucha contra el discurso de odio define este discurso como cualquier tipo de comunicación ya sea oral o escrita, o también comportamiento, que ataca o utiliza un lenguaje peyorativo o discriminatorio en referencia a una persona o grupo en función de lo que son, en otras palabras, basándose en su religión, etnia, nacionalidad, raza, color, ascendencia, género u otras formas de identidad. Sin embargo, no existe una definición universal de discurso de odio de acuerdo con el derecho internacional en materia de derechos humanos. El concepto todavía se debate ampliamente, sobre todo en relación con la libertad de opinión y expresión, la no discriminación y la igualdad”.

Cabe preguntarse, dada esta indefinición, si recurrir a la Guerra Civil para aludir a la actual situación política española y europea, identificar al adversario político con el enemigo agresor y golpista al que se combate defensivamente con las armas en la mano, convertir toda la oposición democrática –la extrema derecha y la derecha liberal que “esconde tras ella”– en un único bloque fascista homologable a los golpistas del 36, cuyo objetivo es derrocar al Gobierno y al presidente democráticamente elegidos, no linda o entra de lleno en el discurso de odio.

Cabe preguntárselo al oír a Teresa Ribera animando a votar “en masa” al PSOE como “el único partido que es capaz de frenar a la ultraderecha, a la exclusión, al odio, a la mentira; que es capaz de evitar la regresión que representan y defienden sin ningún pudor y a esos otros, que, escondidos detrás, no tienen más opinión ni objetivo que derrocar, sea como sea, el Gobierno y el presidente legítima y democráticamente elegido por nuestro país”. Y coreando, y haciendo que se coreara, el “¡No pasarán!” de Pasionaria.

Bien lo definió Alsina en su monólogo matinal: “La actuación de la vicepresidenta tercera emulando a La Pasionaria en el año 36 y haciendo corear al auditorio el lema que evoca la resistencia popular contra el avance de militares levantados en armas contra el gobierno –qué tendrá que ver con unas elecciones democráticas en 2024–, es decir, el lema que evoca la España en guerra civil. Esta debe de ser la famosa concordia. Y la memoria democrática de la vicepresidenta tercera. La España de los bandos en guerra”. Lo suscribo.

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