Su propio afán

Adriana & Dolores

No hace falta conocer los intríngulis de las dos dimisiones, para calibrar su importancia

Adriana Lastra y Dolores Delgado dimiten de sus cargos. Comprendo que la gente se pregunte qué hay detrás de esos "motivos estrictamente personales". ¿Son literales o metafóricos? ¿Qué lastra a una? ¿Un embarazo o una batalla perdida por el poder interno del partido? ¿Qué empuja a dimitir a la fiscal: dolores o delgado, los problemas de espalda o los problemas gordos de idoneidad que su polémico mandato ha ocasionado? Hubo una vez que Pedro Sánchez presumió de poder: "¿La Fiscalía de quién depende? Pues ya está…". Pero la pregunta verdadera es: "¿La fiscal general de quién dimite? ¿Y -sobre todo- por qué?

La política es extremadamente dura y puede ser comprensible que una no se sienta con fuerzas de arrostrar un embarazo en medio de la melé y que la otra haya somatizado todos los problemas sobre la dignidad de su ejercicio en su columna vertebral, que es la que nos mantiene erguidos. En la tele han dicho que tiene "dos hernias fiscales", que nos parece un lapsus luminoso. Yo ni puedo ni quiero discutir la veracidad de lo que ellas han declarado. Que habrán mentido en varias ocasiones, de acuerdo; pero con lo personal quiero ser muy respetuoso.

La reflexión de fondo no cambia por las circunstancias externas. Saliendo de sus cargos, se preguntarán qué dejaron. O sea, más allá de ir tapando vías de agua y sirviendo a los intereses del partido, ¿qué hicieron por el bien común, de verdad, de frente? Cuando uno pega un paso atrás, se encuentra allí mismo a su conciencia, esperándole.

Y esos sendos pasos atrás de colaboradoras tan cercanas a Pedro Sánchez, ¿lo dejan a él más solo o no? Hay quien dice que no, porque una relación u otra o las dos estaban ya muy desgastadas. Eso le deja más solo, en realidad, pues peor soledad es cuando te abandonan porque tú no eres capaz de mantener tus equipos y tus personas de confianza.

Incluso en el supuesto de que los problemas sean estrictamente personales de verdad de la buena, la imagen de Sánchez, al sumarse dos abandonos tan significativos y tan sucesivos, en un momento tan bajo de su popularidad, tienen un enorme peso. Al que hay que sumar, por la resaca de su retórica feminista, que se le van dos mujeres y que entran dos hombres. No sé los intríngulis privados ni tampoco los políticos detrás de las bambalinas, pero en la superficie de la comunicación política, estas dos dimisiones casi simultáneas caen a plomo sobre Pedro Sánchez.

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