La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Adiós a Welch, más que 'El Cuerpo'

Viajando en el tiempo millones de años Welch explotó en las pantallas en 1966 como cavernícola y científica del futuro

Explotó en 1966 con dos películas temporalmente antagónicas. En una era la cavernícola Loana -desvestida, más que vestida, por un sucinto bikini de piel- que salvaba la vida a otro cavernícola expulsado de su Tribu de la Roca (suena muy Los Picapiedra) acogiéndolo en la femenina Tribu de la Concha (ignoro como se le llamaría en Argentina). En la otra, tras saltar como si nada millones de años, hacía estallar un traje de ibuprofeno como la científica Cora Paterson que viajaba por el cuerpo de un colega en el miniaturizado equipo cuya misión era reparar desde dentro los daños cerebrales de un científico clave en la Guerra Fría, contando solo con una hora de tiempo antes de recuperar su tamaño (lo que hubiera derivado la película hacia el poco frecuentado por los espectadores universo de Eduardo Casanova). Eran la simpática Hace un millón de años de Don Chaffey y efectos especiales de Ray Harryhausen, y la magnífica Viaje alucinante de ese excelente director no suficientemente valorado que fue Richard Fleischer. Y Loana y Cora eran Raquel Welch, la bellísima, espectacular y simpática actriz de origen boliviano que, sin dejar de ser El Cuerpo, como la publicidad la bautizó, fue también una más que correcta intérprete de buenas películas y musicales.

Protagonizó buenos westerns tardíos como Bandolero, Los 100 rifles y Ana Coulder (inspiración de los Kill Bill de Tarantino) con compañeros de lujo -James Stewart, Dean Martin, Burt Reynolds, Jim Brown, Ernest Borgnine-, las dos primeras con extraordinarias bandas sonoras de Jerry Goldsmith. También interpretó buenos thrillers como La mujer de cemento de Gordon Douglas haciendo pareja con Frank Sinatra y papeles de riesgo en los que jugaba con irónico desenfado con su leyenda haciendo de transexual en la polémica Myra Breckinridge, basada en una obra de Gore Vidal, haciendo pareja con la inteligentísima bomba sexual de los 30 Mae West, o incorporando con fundamento a la lujuria en Bedazzled de Stanley Donen. En esta línea irónica de juego con su espectacular físico fue la sustituta en Broadway de Julie Andrews en Víctor o Victoria, interpretando a la cantante que se hace pasar por un transformista.

Despidamos a esta buena actriz -ganó el Globo de Oro por Los tres mosqueteros de Lester- agradeciendo la belleza, simpatía e inteligencia con las que llenó, hasta desbordarlas, las pantallas.

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