Carmen Pérez

La Unión del Mercados de Capitales y un euro fragmentado

Tribuna Económica

01 de septiembre 2023 - 00:15

En la Eurozona, en cuanto a la financiación empresarial, sufrimos dos dependencias. La primera, que las empresas están en gran medida a merced de la financiación nacional; la segunda, que la encuentran en un altísimo porcentaje sólo en la banca. Superar estas dos circunstancias es el objetivo que la Comisión Europea se propuso en 2015 con la Unión del Mercado de Capitales. Se trata de impulsar vías alternativas de financiación que complementen a la bancaria: mercados de bonos y acciones, capital riesgo, crowdfunding, business angels, titulizaciones…, y hacerlo además de forma que funcionen a nivel de toda la Eurozona. A pesar de que se ha avanzado en muchos frentes, sigue sin completarse.

No sólo es importante la diversidad por sí misma, esto es, que las entradas de financiación sean múltiples –acordémonos de cuando se cerró el grifo del crédito con la crisis financiera–, sino porque algunas fuentes financieras, como la financiación mediante acciones o el capital riesgo, son fórmulas más adecuadas para permitir la innovación, fundamental para el crecimiento económico: los proyectos que entrañan altos niveles de riesgo y rendimientos inciertos no se adaptan a la financiación bancaria, que obliga a comprometerse a los pagos recurrentes de la deuda.

Y que estas alternativas se desarrollen a nivel supranacional conseguiría además fomentar la inversión transfronteriza, esto es, que las familias y empresas no estén en gran medida limitadas a los inversores nacionales. Además, así el riesgo quedaría mejor distribuido a lo largo de la Eurozona y se mitigarían los efectos de los shocks locales. De forma añadida, unos mercados de capitales profundos, líquidos e integrados respaldarían la transmisión fluida y uniforme de la política monetaria del BCE.

Se han logrado avances. Por señalar algunas actuaciones concretas: la homogenización de la legislación sobre titulizaciones, de las normas prudenciales para las empresas de inversión y de las condiciones de inversión para el capital de riesgo; la simplificación de las normas para la cotización pública de empresas; o la armonización de los regímenes nacionales de insolvencia y de la fiscalidad de los instrumentos financieros.

Pero todavía queda mucho camino que recorrer. Y es más, el miércoles, el BCE publicó un artículo sobre este asunto denunciando que las actuaciones específicas no son suficientes para conseguir el objetivo. Viene a decir que la integración de los mercados de capitales tiene que ir paralela a otras integraciones financieras, que también están pendientes. Falta disponer de un bono público europeo permanente, para lo que sería necesario que Europa tenga una capacidad fiscal permanente con una función de endeudamiento. Y falta completar la Unión Bancaria, para que los bancos europeos, actores claves, sean realmente homogéneos.

Es posible decirlo de forma más cruda que el BCE, yendo al problema estructural profundo que subyace a esas faltas: un euro no vale igual en todos los países de la Eurozona porque no es igual de seguro en un sitio que en otro. Y con un euro fragmentado es imposible avanzar hacia un verdadero sistema financiero europeo.

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