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Análisis

Rafael moreno Rojas

Miembro de la Academia Andaluza de Gastronomía y Turismo.

Green burger

Vivimos en un extraño mundo en el que en lugar de comer pescado, añadimos omega 3 a la leche, la fibra que no tomamos por fruta y verdura, la sustituimos por azúcar morena, reemplazamos la base de la pizza por coliflor, o cambiamos patata por batata. Por cierto, estos cambios son falaces y muchos de ellos contraproducentes desde un punto de vista dietético. Es el mismo mundo en que nuestra conciencia y honor nos impide tomar leche, pero queremos llamar 'leche' a las bebidas de vegetales; y en el que el bienestar animal nos impide tomarnos una hamburguesa o un perrito caliente, por lo que los elaboramos con cereales, legumbres y/o verduras. Siempre tratando de que la leche, o la hamburguesa vegetal, sepan a leche de vaca y hamburguesa de ternera, respectivamente, pero además, añadiendo productos exóticos con huellas de carbono (a pesar de que somos también 'ecologistas') y ocasionando desigualdades sociales (aunque tenemos conciencia global).

En este mundo moderno, en definitiva, ha vuelto a resurgir la cordura por parte del comité de Agricultura del Parlamento Europeo, que ha votado restringir el uso de palabras como: hamburguesa (burger), salchicha, o escalope, solo a productos cárnicos. Ya se intuyó esta cordura cuando prohibieron el uso de la palabra 'leche' para referirse a bebidas elaboradas con soja, avena u otro vegetal. Pero ahora, ya tiene totalmente en contra a ecologistas y veganos, que ven una maniobra de las industrias cárnicas, para no perder la cuota de mercado, que les están arrebatando esas maravillosas hamburguesas de tofu, lentejas y quinoa. Ya que al no llamarse hamburguesas ¡ya no sabrán a lo mismo!

Y yo me pregunto: ¿Por qué ese afán de imitar alimentos de origen animal con productos vegetales? Habrá que preguntarse ¿por qué es necesario hacer más llevadero el tránsito del mundo omnívoro al vegetariano, si supuestamente se hace por convicción? Desde aquí reivindico los productos vegetales tradicionales: cada uno de los productos de la huerta por separado, en parejas, tríos u orgías de colores y sabores, sobre parillas, sartenes, al horno, cocidos, en purés, menestras, pistos, crudos, o hasta en revuelto (con permiso de los ovolácteos). Y si no somos vegetarianos, los reivindico también, para que formen parte con más frecuencia de nuestra dieta, porque son imprescindibles para mantener nuestra salud y bien preparados son deliciosos. Si queremos ser veganos, seámoslo con todas sus consecuencias y no nostálgicos ex carnívoros.

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