Análisis

carmen pérez

Deutsche-Commerzbank y el panorama de la banca

En general tenemos un poco mitificados a los alemanes, tendemos a pensar que lo hacen todo mejor que el resto. Sin embargo, su sistema financiero deja mucho que desear, al menos en rentabilidad. Decía, hace ya unos años, Jaime Caruana, el ex presidente del Banco de España, que los alemanes saben hacer coches, pero que no son eficientes en banca. Actualmente, el problema que tienen es tan severo que dos de los grandes bancos alemanes, Deutsche Bank y Commerzbank, están estudiando la posibilidad de fusionarse. Unidos se convertirían en el tercer banco de Europa, tras el británico HSBC y el francés BNP Paribas. ¿Buena solución o desesperada?

El caso es que los bancos alemanes se comportan mejor en algunas variables que determinan la salud de la banca. De los 730.000 millones de euros en activos problemáticos que todavía mantienen los bancos europeos, sólo el 5,6% son de los alemanes, frente a 23% de los italianos, el 17% de Francia o 13% de España. Su nivel de solvencia se encuentra por encima de la media europea. Tampoco su ratio préstamos respecto a depósitos es preocupante y cumple holgadamente el ratio de liquidez que se introdujo con Basilea III.

Es en rentabilidad donde fracasan. En ratio de eficiencia operativa -que mientras mayor, peor-, la banca alemana es la campeona: de 100 euros que ingresa, 74 se le van para cubrir los gastos de explotación. También Francia o Italia están de pena. De esto, al menos, España se salva: su eficiencia operativa es del 50%. Por otra parte, si se atiende a la rentabilidad sobre los recursos propios (ROE), lo alemanes también son los peores: 2,7%, frente al 5,7% de la Eurozona, ya de por sí bajísimo si lo comparamos con el 12% de la banca americana. La cotización de todos los bancos europeos lo refleja: el valor de mercado respecto a su valor contable (Price to book value) no llega a 0,7; para los alemanes, a 0,3.

La reconversión del sector bancario europeo, por mucho que ya se haya hecho, apenas ha empezado. El italiano, el francés o el alemán están para llorar, y el español aún está lleno de dudas. Siguen con exceso de capacidad y sin asumir la revolución tecnológica. Hay menos negocio que repartir y más competencia externa, y el horror será cuando desembarquen Google, Amazon y las demás grandes tecnológicas. La laxitud monetaria, que por una parte los salva pero por otra los ahoga, proseguirá por largo tiempo (ayer la FED marcó camino) y no ayuda, y aún menos a Alemania. Y si la ralentización del crecimiento se acentúa, las consecuencias para la banca pueden ser desastrosas.

Con este panorama, el Gobierno alemán aplaude la fusión de Deutsche y Commerzbank (15% propiedad estatal), pero los cinco sabios a los que suele recurrir para asesorarse están en contra: unir a dos enfermos no garantiza el nacimiento de una entidad sana. Por otra parte, su competencia nacional -1.200 bancos regionales, también con fusiones- ganan mucho más que ellos, pero lejos de las presiones del mercado no tienen incentivos para abordar el salto tecnológico. Así, Alemania tiene un grave problema con su sistema bancario, pero es un Estado fuerte y no dudará en hacer todo lo necesario para salvarlo.

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