José Luis García Del Pueyo

Cuestión de confianza

08 de julio 2020 - 02:51

Sin confianza no hay consumo y sin él la economía se para con las consecuencias que no creo necesario recordar: desempleo y caída de la recaudación de impuestos. Esta combinación tiene unos efectos devastadores que al final genera desestabilización en el propio sistema. ¿Qué se puede hacer para mitigarlo dado que sólo los ilusorios pueden ver como optimismo el medio plazo? España y medio mundo han estado paralizados como consecuencia del miedo generado por la pandemia pero en estos primeros tiempos de la apertura tras los distintos confinamientos, los mercados no crecen a la rapidez con forma de V que algunos economistas pronosticaban. No lo harán pese al placebo que va a suponer el verano y la exigua aunque arriesgada llegada de turistas. El mercado español esta dimensionado para atender a 130 millones de consumidores, entre nacionales y turistas, y ninguno de esos dos segmentos se va a comportar como si nada hubiera pasado. Eso es paro, sin paliativo. La amenaza de los rebrotes focalizados y de una segunda ola otoñal de la pandemia, actúa negativamente sobre el consciente colectivo al que además, con las medidas de seguridad, se le está recordando constantemente que el lobo va a volver en cualquier momento. ¿Cómo se puede estimular así el consumo? Difícilmente, porque además los consumidores aún recuerdan muy bien las penurias de la crisis de 2008 y han activado pautas de comportamiento de ahorro y previsión que aprendieron durante la pasada década. Para mitigar la desconfianza se necesita la fortaleza que da la unidad. Las empresas van a tener que cambiar radicalmente su forma de interactuar con el mercado y el factor humano deberá ser cuidado más que nunca tanto en acciones como en tono, donde la lucha por mantener a los clientes será más titánica que nunca. Ellas lo saben y lo van a hacer, pero una parte importante de la sociedad la constituye la clase política y ahí queda mucho para transmitir confianza. La crisis anterior generó desapego y desconfianza en la política y las instituciones. Vio nacer a los movimientos populistas extremos que nada bueno traen para tranquilizar y generar la confianza necesaria. El progreso en las sociedades occidentales se basa en las clases medias, en la moderación, en la estabilidad, en la seguridad y es lo que la clase política tiene necesariamente que hacer, alejándose de los extremos. Sobreactuando para los hooligans se desatiende a las mayorías y es un juego peligroso. Más calle y menos cámaras.

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