Opinión Taurina El vídeo mató a la estrella de la radio

  • El vídeo y la imagen también tienen su influencia en la nueva vertiente del toreo

Cogida de Manolete en Madrid en la corrida de la Beneficiencia de 1947 Cogida de Manolete en Madrid en la corrida de la  Beneficiencia de 1947

Cogida de Manolete en Madrid en la corrida de la Beneficiencia de 1947

Estaba la década de los setenta aculada en tablas cuando un grupo pop británico de la denominada new wave, y que se anunciaba como The Buggles, copó el número uno de las listas de éxitos con un tema de música pegadiza y rítmica. Aquella canción llevaba por título Video killed the radio star, lo que traducido a la lengua de Cervantes venía a decir, más o menos, El vídeo mató a la estrella de la radio.

De los que vivimos aquel boom, nos queda el recuerdo de la vivacidad y ritmo del tema, de su innovación para la música con la aportación de sonido salido de la moderna electrónica y de lo que lo bailamos a las primeras de cambio, sobre todo cuando era puesto en las emisoras de radio de moda, así como cuando se pinchaba en los primeros locales de ocio a los que pudimos acceder.

En aquellos años lo que profetizaba la letra de ese tema era difícil de entender. Sobre todo para una sociedad como la española, en la que todo lo concerniente a las nuevas tecnologías aún estaba muy alejada de nuestros quehaceres cotidianos, que por cierto, estaban más pendientes del mundial del 82 que en la evolución del mundo de la informática y la electrónica.

El paso de los años ha venido a ratificar el mensaje de aquella canción de moda. Hoy, salvo contadas ocasiones y a magníficos profesionales, las grandes estrellas de la radio han cedido parte o mucho, según se mire, de su protagonismo a la imagen que nos ofrece el mundo de la informática y la electrónica. Es inconcebible una noticia sin imágenes. Lo que no se ve, no existe. Las nuevas generaciones no conciben nada sin imágenes.

Atrás quedaron los grandes narradores añorando tiempos de éxito, y donde sus voces formaban parte de nuestras vidas. Muchos lectores se estarán preguntando qué tiene que ver una canción de un grupo británico de la new wave con el planeta de los toros. La respuesta es fácil. El vídeo y la imagen también tienen su influencia en las nuevas vertientes del toreo. Hoy todo se graba.

Los ganaderos recurren a él para repasar el juego de las reses que se tientan para reproductoras. ¿Cuántas y cuántas se habrán ganado la vida tras haber repasado sus criadores, una y otra vez, las imágenes de su tienta? El vídeo también lo emplean los profesionales. El objeto no es otro que visionar sus actuaciones para buscar fallos o ver por qué aquel toro no acabó de rematar aquella faena que pareció iba a ser cumbre. También se utiliza en las escuelas taurinas. Es empleado para hacer llegar a las nuevas generaciones, aquellas que sueñan con la gloria del chispeante, los modos y formas de los grandes toreros del pasado, como también los del presente.

Hoy es muy accesible, gracias a los vídeos subidos a la red, mirar el toreo de principios del siglo XX, admirar el dominio de Gallito, la quietud de Belmonte, la solemnidad de Manolete, la gracia de Pepe Luis, o los duendes de Romero o Paula. Son las ventajas del momento de vivimos.

El vídeo tiene muchas ventajas, pero también muchos pecados. Uno de ellos es el morbo. Las graves cogidas son repetidas hasta la saciedad. También la parte golfa de la fiesta, que la hay y mucha. Los vídeos nos enseñan mucha picaresca, que se sabía existía, pero que no se constataba desde los tendidos y que hoy las imágenes nos muestran de forma cruda y real. Es el mundo de la imagen. Según como se emplee puede tener beneficios para la fiesta de los toros.

También efectos negativos. Uno de ellos puede ser algo fácilmente comprobable y no es otro que la falta de personalidad de los nuevos toreros, que al empaparse de las formas y modos de sus referentes asumen sin querer también todas sus carencias. Bienaventurados los que me copian porque de ellos serán todos mis defectos.

Y lo que es principal. El vídeo muestra la verdad cruda de todo al carecer del alma del instante vivido. Grandes faenas que una vez vividas pierden la esencia y sensibilidad al ser visionadas en una fría pantalla. En resumidas cuentas, el vídeo no solo mató a la estrella de la radio, sino muchas más cosas, entre ellas la esencia de una liturgia única.

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