Crítica de Música

A ritmo de Tavares

Sara Tavares, con parte de su banda. Sara Tavares, con parte de su banda.

Sara Tavares, con parte de su banda. / jordi vidal

Como es habitual, adquirir la entrada para un espectáculo del Teatro Góngora crea en el espectador la predisposición a sentarse y escuchar. Sin embargo, durante la noche del martes muchos de los allí presentes terminaron por levantarse de sus butacas para bailar al ritmo de Sara Tavares.

Esta guitarrista, compositora y cantante hizo su aparición junto a una banda formada por batería, bajo, teclados y guitarras acústica y eléctrica, que ya desde el primer momento iniciaban la marcha del concierto generando un ambiente sonoro que anunciaba buenas vibraciones.

Con 'Balancê' parte del público se pone en pie para bailar por los pasillos del teatro

Sara presenta aquí su disco Fitxadu, el último tras varias publicaciones anteriores exitosas, y lo hace con el single del mismo nombre, dando una buena muestra de su estilo musical: su voz poco a poco sigue a la perfección el discurso instrumental, tornándose en ocasiones dulce y otras veces potente y enérgica, acorde con cada uno de sus temas.

Pese a su habla criolla-portuguesa, la cantante de antecesores caboverdianos nos cita algunos de los nombres que componen este álbum. Encontramos así un Coisas bunitas delicado, frágil pero a la vez profundo en sentimiento y emoción, que es combinado con otros temas donde prepondera la samba, el jazz, la bossa nova o el reggae con un empleo de la rítmica en alto nivel de ejecución.

Llega el momento de la verdad: Tavares anuncia la llegada de Balancê y un grupo de asistentes se levanta paulatinamente para bailar en los pasillos de la zona de butacas. El ambiente llega aquí a su máximo esplendor, pues la cantante además nos enseña algunas entonaciones que debemos repetir, haciendo los coros y quedando como resultado una polifonía grupal apoyada por nuestras palmadas a contratiempo.

Sara deja patente la importancia musical de su banda, a la cual da paso en múltiples ocasiones para que sus componentes muestren su virtuosismo e improvisación creativa: de entre ellos, el bajista destaca con escalas fluidas, progresiones armónicas de gran riqueza y acentuaciones rítmicas interesantes.

Y así, de esta forma, natural y sencilla, con una sonrisa en cada uno de los temas y con una puesta en escena de expresión a corazón abierto, la cantante intenta despedirse sin poder conseguirlo, pues al salir a saludar encuentra un teatro completamente en pie, pidiendo más.

El grupo cierra así con dos temas finales, ahora ya acompañados en danza de forma desinhibida por el público al completo, y despiden esta fiesta agradeciendo el calor de Córdoba en los bravos, silbidos y aplausos de los asistentes. Sin duda, Sara Tavares consiguió hacer del Teatro Góngora una pista de baile, un oasis lleno de ritmos y color en mitad de una noche de verano.

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