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"Soy persona, madre y escritora, no puedo separar esas tres facetas"

  • La autora madrileña afincada en Pozoblanco lanza su segundo poemario, 'Un nido en las clavículas'

Pilar Cámara, poeta y periodista, con su nueva publicación. Pilar Cámara, poeta y periodista, con su nueva publicación.

Pilar Cámara, poeta y periodista, con su nueva publicación. / EL DÍA

Enfrentar la creación de un segundo poemario puede llevar hasta cinco años, un tiempo cargado de experiencias tan fuertes y tan dispares como la muerte o la maternidad. Así ha sido para la poeta Pilar Cámara, madrileña afincada en Pozoblanco, que presenta su nuevo libro, Un nido en las clavículas (Inventa Editores).

-¿Qué diferencia hay entre el primer poemario y el segundo?

-No puedo y no quiero desprenderme de quien soy cuando me pongo a escribir, así que supongo que la gran diferencia son los casi cinco años que han pasado desde Rouge hasta ahora. No soy ni la misma persona ni la misma escritora que entonces. Sin embargo, mantengo la misma ilusión.

-¿Qué ha supuesto la creación de Un nido en las clavículas?

-Soy persona, madre y escritora, no soy capaz de separar esas tres facetas. Por ejemplo, cuando estoy escribiendo no dejo de ser madre o persona o mujer. Pero, desde luego, sin ser madre no existiría Un nido en las clavículas. Soy incapaz de escribir sobre situaciones que no he vivido o sentido. Éste es el libro de cómo descubrí ese amor salvaje que siento hacia mi hija.

-Ha publicado sus dos poemarios con dos editoriales distintas: Amargord e Inventa Editores. ¿Es muy complicado el proceso de encontrar una editorial para publicar poesía?

-He tenido mucha suerte, porque no he tenido que buscar, así que desde mi experiencia no sé si es complicado o no, pero tengo entendido que sí. Hay editoriales maravillosas y otras muchas que hasta se dedican a la autoedición encubierta. Que te cobran por publicar, vamos. En Amargord aterricé de la mano del poeta Luis Luna, quien me ayudó muchísimo, y con Inventa Editores ya había participado en Discípulas de Gea, una antología feminista y solidaria que publicaron el año pasado, y es un placer trabajar con ellos.

-Si se convirtiera en otra persona y se enfrentara a la vez a sus dos poemarios, ¿qué evolución notaría de uno al otro teniendo en cuenta que entre ambos han pasado cinco años?

-Lo primero que notaría, puesto que estamos ante poesía de la experiencia, es precisamente que han pasado cinco años: de la juventud a la madurez, porque quizá madurar sea enfrentarse a la muerte o a una nueva vida. En este caso, la de la hija. También que las referencias son más, porque en cinco años da tiempo a leer muchas obras, ver muchas películas, conocer a muchas personas y conocerte más a ti misma. Sin embargo, creo que hay algo en esa voz poética que permanece: la crudeza, el yo, el cuerpo, la mujer...

-La maternidad es un hilo conductor constante en Un nido en las clavículas. ¿Ha sido una fuente de inspiración o algo que le ha empujado a escribir buena parte de estos versos?

-Sin ninguna duda, la maternidad me ha empujado. Hay un poema que habla de tristezas, de que no hay tiempo para la pena cuando eres madre. Quizá algunos de estos versos sean los gritos que no he podido dar, las lágrimas que no he podido derramar o la manera de deshacer ese nudo, que se parece tanto a nido, en la garganta que sigo teniendo a veces. Pero Un nido en las clavículas también ha servido para dejar constancia de cómo se ha gestado ese amor salvaje que siento hacia mi hija.

-Otra de las claves parece la muerte. ¿Cómo consigue confrontar en versos algo tan distinto? ¿Muerte contra vida? ¿Fallecimiento contra maternidad?

-Creo que cuando te enfrentas a la muerte, sobre todo si ésta es inesperada, lo que la hace todavía más dolorosa, necesitas desesperadamente seguir buscando la vida o motivos para creer en la vida. Así que, en el fondo, no creo que sean cosas tan distintas.

-¿Cómo haría un recorrido por esta obra? ¿Cómo se lo explicaría a un lector que se enfrenta por primera vez a su poesía?

-Le diría que está ante una obra de poesía confesional y, por tanto, autobiográfica. Que hay dolor, vísceras, muerte, sangre, miedo… Pero también sensibilidad y belleza.

-¿Qué referencias tiene en la poesía? ¿Alguna autora cordobesa dentro de ellas?

-Cuando respondo a esta pregunta sin pensar mucho siempre me salen primero dos: Sylvia Plath y Alejandra Pizarnik, y después Maite Dono. A veces me pregunto qué habría sido de mí si en mis manos nunca hubiera caído su Circus Girl. Y entre las autoras cordobesas, Juana Castro y, por supuesto, Ana Castro. El cuadro del dolor es el libro más valiente que he leído este año.

-Siempre ha sido una autora comprometida con el feminismo, ¿qué papel juega en su escritura?

-Soy feminista y no es algo de lo que pueda desprenderme para hacer una cosa u otra. Quiero decir, que forma parte de mí, así que supongo que todo lo hago desde el feminismo. En Un nido en las clavículas se muestra la maternidad lejos de los anuncios edulcorados de papillas y pañales, de esa visión idílica con la que el capitalismo patriarcal nos ha bombardeado desde siempre.

-En los últimos años parece que está habiendo un boom de un tipo de poesía que no deja de ganar adeptos. ¿Cómo valora el papel de las redes sociales?

-Sin el mundo 2.0 muchos libros de poesía que hoy copan las estanterías de la sección de poesía de los grandes almacenes no existirían. Instagram, facebook o twitter han contribuido a que muchísimas personas jóvenes se interesen por la poesía y eso es maravilloso. Pero ojalá las grandes editoriales no se queden en el número de seguidores de sus nuevos talentos y si lo hacen que al menos sea para que los lectores continúen investigando el género y acaben leyendo a Adrienne Rich o Ángela Figuera.

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