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literatura Versos para el futuro

Las nuevas voces de la poesía cordobesa

  • El colectivo La Bella Varsovia estimula el surgimiento de una nueva promoción de poetas locales que publican sus primeras obras con estéticas muy diversas

Córdoba es, sin lugar a dudas, tierra más de poetas que de narradores. Con el mayor poeta del Siglo de Oro, Luis de Góngora, como figura tutelar, el siglo XX tuvo como grandes protagonistas a los autores del grupo Cántico, que reivindicaron el legado de la Generación del 27, y posteriormente a un notable grupo de poetas que se dieron a conocer entre los años 70 y 80 (Carlos Clementson, Manuel Gahete, Juana Castro, Matilde Cabello...) y la promoción poética nacida y desarrollada en los últimos años de la centuria y los primeros del siglo XXI (con José Luis Rey, Pablo García Casado, Joaquín Pérez Azaústre...). Ahora cabe hablar de una nueva hornada de poetas jóvenes cordobeses que intentan, poco a poco, hacerse un hueco en el panorama literario. Y es el colectivo cultural La Bella Varsovia el que impulsa en gran medida este movimiento, en el que destaca el gran auge de las voces femeninas.

Los objetivos que esta asociación se marcó en el momento de su nacimiento, en 2004, "se han cumplido rotundamente", según Elena Medel, responsable de la iniciativa junto a Alejandra Vanessa. "Buscábamos la difusión de la obra de nuevos autores y acercar la poesía a los lectores, hechos que han ocurrido. También hemos tejido redes con colectivos y editoriales similares en toda España, aprendiendo de sus experiencias e intercambiando conocimientos", añade.

En una ciudad de tanto caudal poético como Córdoba, ¿siguen estos jóvenes la estela de las figuras más representativas de la generación anterior como García Casado, Vicente Luis Mora o Eduardo García? Alejandra Vanessa considera que "poetas como Juanma Prieto o Sara Toro lo están haciendo". "A muchos de ellos los hemos visto evolucionar desde su primera lectura y sus primeros versos hasta su primer poemario. Por eso me siento capaz de diferenciarlos como poetas de los que se seguirá hablando dentro de diez años", indica la autora de Colegio de monjas.

Son estos poetas inicipientes los primeros que creen tanto en su próspero futuro como en el de los que vayan naciendo. Para Sara Toro, autora del libro Souvenir, "el actual panorama poético es bastante fructífero ya que están saliendo muchos talentos nuevos. Además, se está dando más visibilidad a poetas inéditos gracias a las nuevas tecnologías y a iniciativas como la de La Bella Varsovia". Por su parte, la pozoalbense Ana Castro considera que "se está tejiendo una pequeña red y el contacto y la influencia mutua son muy enriquecedores". Sin embargo, para María Lapachet "el panorama está regular, ya que hay muchísima oferta y el apoyo público, tanto el de las instituciones como el de la ciudadanía, es escaso. Es por ello que muchos poetas dejan de escribir o publicar porque no pueden vivir de la poesía".

Una de las grandes dificultades con que se encuentran los jóvenes poetas suele ser la publicación de sus primeros textos. Sin embargo, a Toro, a María González (El año en que murió Jean Genet) y a otros como Juanma Prieto (Noctívagos), Ignacio Gago (Peligro de ignominia) o Leyla Ouf (Híbrida) no les ha resultado tan difícil gracias a la ayuda que han tenido de La Bella Varsovia, que incluyó a todos ellos (y a otros como Rafael Antúnez, Verónica Moreno o Jesús Fernández) en la antología Sais, con la que celebró su sexto aniversario. Toro lamenta que "no hay muchas editoriales que se lancen a publicar sólo poesía, y mucho menos de autores que todavía no tienen un nombre. Hay que tener mucha suerte".

La experiencia de esta autora es distinta puesto que su libro nació como "proyecto conjunto" entre La Bella Varsovia y ella: "He trabajado desde hace mucho, he colaborado en sus iniciativas, he estado en el ciclo Noctámbulos y en las distintas fiestas polacas -una de las actividades organizadas por el colectivo-. Así que mi poesía ha ido creciendo a la vez que crecía La Bella Varsovia".

Por lo que respecta a sus influencias, varias autoras consultadas coinciden en citar a Alejandra Pizarnik como figura importante, si bien también tienen muy presentes a poetas como Emily Dickinson, Federico García Lorca, Fernando Merlo, Gloria Fuertes, Góngora, Martín López- Vega o la propia Elena Medel. María Lapachet afirma que últimamente no se cansa "de leer y releer a Audre Lorde, Karen Brodine, Renée Vivien, Gabriela Mistral o Ariadna García, por citar sólo algunas", si bien no sabe "hasta qué punto" la influencian.

En esta era digital en la que la tecnología cada vez ocupa un lugar mayor en el día a día, la relación de los autores con las nuevas tecnologías varía según los casos. Toro no las utiliza mucho, pero constata que "hay mucha gente que publica sus libros de manera electrónica". Considera que "la tecnología está muy bien para futuros investigadores" que podrán comparar en algunos textos la versión primera on-line con la impresa.

Por su parte, Ana Castro sí posee un blog (http://autoviadelsur.blogspot.com/), pero no está muy segura del papel que quiere que jueguen las nuevas tecnologías en su labor poética. Lapachet tiene "una relación de amor-odio" con las nuevas tecnologías: "Como lectora, soy enemiga acérrima del Kindle y cualquier otro tipo de lector electrónico. Como escritora, reconozco las ventajas de unir poesía y nuevas tecnologías". Así, ella también utiliza las redes sociales para promocionar sus obras y espera que sus libros y plaquettes "estén disponibles en varios formatos electrónicos de aquí a final de año".

La Bella Varsovia apuesta por dejar de concebir la poesía como un arte para privilegiados e intentar acercarla a los lectores con propuestas como el premio Pablo García Baena o sus actividades en Cosmopoética. El certamen, que ha sido ganado por Sofía Castañón, Cristian Alcaraz y Berta García Faet, entre otros, sigue las recomendaciones que el propio García Baena da al colectivo y se ha situado al mismo nivel de otros concursos de poesía joven con mucha más trayectoria. Alejandra Vanessa destaca que "la participación cada año se supera ampliamente". "Nos sentimos muy orgullosas de todos los libros que se han publicado a raíz de este premio", añade.

En palabras de Medel, "los poemarios que se presentan combinan alta calidad con estética diversa, permitiendo que el ganador de una edición comparta más bien poco con el de la anterior".

Hasta ahora la principal rémora del colectivo ha sido la corta distribución de sus publicaciones, "pero a partir de septiembre vamos a abrirnos a todo el ámbito nacional", apuntan sus responsables. Esto les hará crecer como editorial. Además, después de la buena experiencia que han tenido con la antología dedicada a la alemana Uljana Wolf, van a empezar a publicar traducciones y ediciones bilingües.

Para el próximo curso tienen prevista la publicación de Riboflavina, el primer poemario de Ana Castro, la antología Tenían veinte años y estaban locos, de autores nacidos entre 1984 y 1992 (compilada por la joven poeta Luna Miguel tras un exhaustivo trabajo de búsqueda en blogs y redes sociales), y Rincones sucios, de Carmen Jodra, un poemario del año 2004 por el que tanto Medel como Alejandra Vanessa sienten debilidad y que en su día no obtuvo, consideran, el eco que merecía.

El futuro de la poesía cordobesa está asegurado, aun en tiempos de cierta depresión cultural favorecida por la pérdida de la Capitalidad. Las impulsoras de La Bella Varsovia advierten que "la poesía ya se escribía y se leía en Córdoba cuando llegó la idea de la Capitalidad. Durante estos años, ésta ha contribuido a la difusión y el desarrollo de la poesía, con Cosmopoética como apoyo literario más fuerte. Pero para que haya poesía lo fundamental son los poetas, y tenemos de sobra". Hay versos, por tanto, para rato.

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