Mística para la vida
Misticismo. La experiencia del éxtasis | DE LIBROS
El filósofo Simon Critchley nos propone en 'Misticismo. La experiencia del éxtasis' (Sexto piso) una vuelta de tuerca a lo que el vulgo entiende como misticismo
La ficha
'Misticismo. La experiencia del éxtasis'. Simon Critchley. Traducción de Julio Hermoso. Sexto Piso. 320 páginas. 24,90 euros
El filósofo británico Simon Critchley, ecléctico e insumiso a los moldes (de ahí sus ensayos Bowie o En qué pensamos cuando pensamos en fútbol), nos propone una vuelta de tuerca a lo que el vulgo entiende como misticismo. Para Critchley, el propio término “misticismo” es una “tradición inventada” y es un “invento atroz”. Proyecta, a su decir, la falsa idea de un misticismo centrado en una intención intelectual de lo divino o de un estado más elevado o enrarecido de la conciencia. Ello da lugar al escepticismo entre quienes ponen bajo sospecha la mística (el término más adecuado), a la que asocian con dogmatismo o fanatismo. De ahí la suspicacia o el mero desdén. Aunque el término “místico” aluda a los arcanos de las Escrituras y a la práctica contemplativa (en origen los padres del desierto del siglo IV), “misticismo” es más bien una categoría moderna que, según Critchley, oculta más que revela por los propios prejuicios que conlleva el concepto.
Lo que hace peculiar este libro es su mirada hacia la experiencia. No es tanto intelectual su punto de partida como práctico, declaradamente existencial. No se trata tanto de una cuestión de fe como de práctica estética, filosófica y existencial. No se abre a la idea elusiva del mundo, sino que invita a abrazar lo real. El yo nunca se puede abandonar, pero Critchley sí propone una forma en la que uno puede perderse pese a la consciencia del propio yo. No importan aquí ni el academicismo ni el nexo con la religión institucional. Importa atravesar el éxtasis, alcanzarlo desde las formas más intensas de la experiencia. Así el contemplar. Así el escuchar. Así el escribir. Así el desaparecer. Menos teoría, pues, y más simplicidad radical: “Encontrar nuevas formas de conocer y de amar”.
T. S. Eliot, Anne Carson o Annie Dillard sobre todo; pero también Nick Cave, Brian Eno, George Bataille, Clarice Lispector, Flannery O’Connor, Thomas Merton, Simone Weil o Wittgenstein, entre otros muchos, transitan por las páginas de Misticismo. Lo que el lector más agradecerá es la invitación que se hace a descubrir la vía mística en autoras y religiosas del Medievo olvidadas o simplemente desconocidas, como la singular Juliana de Norwich (protagonista al cabo del libro), Margarita Porete (carne de hoguera por incitar a la llamada “herejía del espíritu libre”) o Angela de Foligno (autora del itinerario místico compuesto por diecinueve pasos iniciales y otros siete complementarios en su unión con Cristo, y cuyo último vahído fue decir: “¡Ay, la nada desconocida!”).
Más allá del mainstream no poco mercantil en torno a la cargante vuelta de hoy a la religiosidad y lo trascendente, Simon Critchley abre su hueco propio entre el colocón espiritual: el éxtasis es posible y se puede atravesar su halo de inefable comunión que la era digital no ha fracturado del todo.
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