La mirada animal
Jesús García Rodríguez propone un muy instruido e interesante recorrido por la filosofía occidental, en el que analiza el tratamiento otorgado a las criaturas no humanas con las que compartimos el planeta.
La ficha
Historia de la inteligencia y la ética animales. Jesús García Rodríguez. Trotta, 2025. 1064 páginas. 38 euros
Un aforismo de Canetti trata de desvelar el misterio de la mirada animal. Si cada vez que nos asomamos a los ojos de un perro, una oveja, o la triste criatura que vegeta tras los barrotes de un zoológico, nos asaltan una duda y un miedo, es que somos víctimas de un espejismo: porque algo dentro de nosotros nos está advirtiendo que ahí debajo hay un hombre, que quien nos observa es un igual parapetado tras una burda máscara de cuero, escamas o vello. El animal como otro yo, como hermano gemelo o bastardo del ser humano, es protagonista de muchas de las especulaciones y apólogos que la literatura ha labrado a lo largo de los siglos; las nobles fieras de Esopo, los perros tertulianos de Cervantes, el mono inteligente de Kafka y el asesino de Poe no constituyen sino miembros de un inmenso bestiario cuyo objetivo último ha sido siempre denunciar una cercanía, cuando no una mismidad: también los hombres somos animales, también los animales son de algún modo hombres. Y, cierto, mientras los filósofos se han devanado las molleras durante milenios y llenado las páginas de sesudos laberintos sobre lo que significa ser humano y los límites de esa condición no se sabe si sublime o rastrera, apenas se han dignado a dirigir la pregunta hacia ese subalterno tímido, obediente en ocasiones, que le mira, como a Canetti, desde la penumbra del establo o la perrera.
El momento parece propicio para trasladar la cuestión a primer plano: en un mundo en que la natalidad anda por los suelos y en que las mascotas (asómese cada cual a su acera o ascensor) han venido a llenar esa oquedad que las generaciones previas poblaban con sonajeros y biberones, resulta más legítimo que nunca cuestionarse qué nos une a estos compañeros desgreñados, ruidosos, sinceros, molestos y leales a partes iguales, sobre los que la ideología tradicional, que se remonta a Aristóteles y el Génesis, nos dio derecho de propiedad absoluta. El animalismo, como antes el socialismo y el feminismo y el ecologismo, ha venido a discutir la supremacía de un sector de la población, en este caso la entera especie humana, sobre todo el resto de congéneres que la tradición le encomendó gobernar con mano de hierro, haciendo y deshaciendo a su antojo, sin ver en ellos más que una servicial herramienta, de usar y tirar, para fines estrictamente egoístas. Llevamos tiempo oyendo por ahí que, si el XX fue el siglo de los Derechos Humanos (sobre cuyo estado actual sobran los comentarios), el XXI será el de los Derechos del Animal: no somos nadie para quebrar el sano optimismo de tantas buenas personas que existen en el mundo.
En lo que no yerra Jesús García Rodríguez, autor de este muy instruido e interesante recorrido por la historia de la filosofía occidental en su relación de amor y odio con los animales (animales no humanos, matiza él), es en que hasta la fecha no existía ni siquiera etiqueta para designar semejante campo de estudio. Para remediar lo cual, propone él el neologismo zoonoética, o reflexión sobre la inteligencia de las criaturas no humanas y de la actitud moral que ha de adoptarse ante ellas, a la que correspondería debatir sobre una serie de cuestiones conexas que sólo de manera parcial y aproximativa atendió el pensamiento antes de hoy, a saber: la consideración del animal como sujeto ontológico y no mero objeto; el rechazo de una jerarquía de los seres vivos donde unos valgan más que otros atendiendo a supuestos esquemas divinos o presupuestos evolutivos; la animalidad del ser humano y su identidad latente con lo que él considera parientes inferiores; la existencia de una inteligencia propiamente animal, previa a la humana, presente también en ella y con una misión y valor específicos en el contexto que le corresponde.
Los filósofos se han preguntado desde siempre por lo humano pero no miraron al establo o la perrera
Como paso previo al asentamiento y desarrollo de esta nueva disciplina, García Rodríguez intenta aquí un bosquejo de introducción histórica, y repasa las cuestiones mencionadas, y otras que les quedan cerca, según fueron abordadas por los grandes clásicos de nuestra tradición filosófica: tiene ocasión así de ofrecer al agradecido lector, en un trayecto que a pesar del detallismo no pierde fuste ni interés en una sola de sus páginas, una suerte de casa de fieras especulativa, que es también una antología de fábulas y un escaparate de las ideas de cada autor, resumidas en sus animales heráldicos. Platón queda así personificado en las prudentes grullas, como Aristóteles en la sociabilidad de las golondrinas; Agustín de Hipona se encara con el lobo, Tomás de Aquino con el buey, y Michel de Montaigne dialoga con los gatos igual que Nietzsche con las águilas. Ciertamente, no es esta una historia de la filosofía como las otras: por primera vez alguien se atreve a prestar voz a lo que no es sólo humano, demasiado humano.
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