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firmado: mister j.

Cuando haces pop...

  • 'Los 4 Fantásticos. La edad dorada' es un festín, un alarde de diversión continua y un modelo a seguir: el rasero por el que se medirán los demás tebeos de superhéroes

Puesto el grueso tomazo de Panini sobre la mesa, le entran a uno ganas de escribir una larga frase que abarque la reseña de principio a fin, comenzando con algo parecido a "este tebeo de Stan Lee y Jack Kirby" y terminando con una retahíla interminable de adjetivos laudatorios. Pero claro está que no es plan, y además me faltaría vocabulario.

Digo "este tebeo" y en puridad son "estos tebeos", porque aquí compilados van 22: los números 44 a 63 de Fantastic Four, con fechas de portada consecutivas desde noviembre de 1965 hasta junio de 1967, más los anuales 3 y 4 de la susodicha cabecera, de 1965 y 1966. Lo que se dice un festín. Todos ellos los dibujó Jack Kirby, que es la fuerza más enérgica y definitoria de la historia del género de los superhéroes, y los escribió, también todos, Stan Lee. La gran mayoría, esto es, 21 de los 22, están entintados por Joe Sinnott, quien arropó con dulzura la explosión gráfica del Rey Kirby en aquella lejana década ye-ye y convirtió por méritos propios la díada fantástica en una suerte de tríada de ases. Es sabido que el Kirby de los presentes episodios es un artista en transición hacia su máximo estadio, la escritura y realización de la gran obra maestra del género, El Cuarto Mundo, pero qué duda cabe que su feliz aleación con Lee y Sinnott acabó otorgando a estas páginas una irrepetible cualidad de estándar.

Pues lo que tenemos aquí es precisamente eso, un modelo a seguir, el rasero con el que se miden y se medirán los demás tebeos de superhéroes, tal como pueden serlo el Supermán de la era Weisinger o el Spiderman de Romita, y véase que hay que recurrir a trabajos sobre iconos para la comparación. Cierto es que, a diferencia de esos dos, la dimensión sociológica de las aventuras de Míster Fantástico, la Chica Invisible, la Cosa y la Antorcha Humana es muy inferior -aunque ni mucho menos despreciable-, pero poseen idéntica frescura y son un derroche creativo y estético. Lo de Lee y Kirby presume de mayor coherencia narrativa y tiene tal atractivo, progresión y riqueza que lo deja a uno sin aliento. Son quizá el epítome de las obras del género y nunca más claramente que los episodios que aquí se compilan, en los que se sucede la acción y la invención a partes iguales. La llegada de Galactus, la aparición de los Inhumanos, el encuentro con Estela Plateada, la presentación de Pantera Negra, figuran entre los grandes hits de un tomo que incluye también, y entre otras cosas, la boda de Reed y Sue y el descubrimiento de la Zona Negativa. Todo aquí es alarde y maravilla, y diversión continua.

Estamos este año en plena celebración de las cinco décadas de vida de Marvel y la verdad es que no se me ocurre mejor forma de sumarse al evento que leer estos clásicos entre los clásicos del género de superhéroes. Más aún cuando se ofrecen al lector, como es el caso, en un formato atractivo y a un precio muy razonable. Representan lo mejor de este singular y exitoso universo de ficción; son, en pocas palabras, una verdadera joya pop.

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