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Entrevista a Israel Checa. Batería de Freedonia Freedonia: "En nuestro show hay tiempo para bailar, para pensar y para emocionarse"

  • La banda madrileña presenta este viernes en Córdoba su cuarto trabajo discográfico, que bajo el nombre de 'Conciencia' explora nuevos ritmos, manteniendo el mensaje social de sus letras

Los componentes de Freedonia junto a su nueva vocalista, Deborah Ayo. Los componentes de Freedonia junto a su nueva vocalista, Deborah Ayo.

Los componentes de Freedonia junto a su nueva vocalista, Deborah Ayo. / El Día

Hay vida más allá del soul, incluso para una de las bandas de referencia en la música negra del panorama español. Y más aún en el caso de un grupo compuesto por nueve músicos, acostumbrados a volcar sobre el papel sus gustos e inquietudes musicales, tan dispares como capaces de encajar en un idioma común. Con su cuarto trabajo discográfico, Conciencia, Freedonia explora ritmos más cercanos al rock y la psicodelia, sin dejar de lado el mensaje social que impregna sus canciones. La banda madrileña presenta este viernes en la Sala M100 (21:30) su nuevo show, en el que su batería, Israel Checa, promete diversión y emociones por igual para un público que siempre ha sido vital para ellos.

–Para la gente que no les conozca, ¿qué es Freedonia?

–Freedonia se formó como un grupo de amigos que quería disfrutar de la música en común y poco a poco se convirtió en una banda que es nuestro pequeño paraíso de libertad. Todo aquello que empezó siendo un poco caos, al final es una banda en la que cada uno llevamos departamentos distintos. El concepto de autogestión está muy dentro de lo que es Freedonia y sobre todo el mensaje humano que está a flor de piel en cada una de nuestras canciones y por supuesto en nuestro nuevo disco.

–¿Por qué Conciencia? ¿Qué mensaje encierra este trabajo?

Conciencia es una adaptación de una charla de José Saramago en la que habla de la conciencia como la herramienta que todos tenemos y que debemos trabajar para hacer del mundo un lugar mejor. Durante esa charla hace un balance social y emocional de la actualidad muy interesante, que nos gustó mucho. Somos bastante lectores de él y nos inspiró en el concepto de este disco, para hacer canciones que tengan que ver con la conciencia. Es una forma también de reivindicar los derechos humanos. En el disco tocamos muchos temas, como el de los refugiados, o el de las viejas corrientes extremas que están volviendo, intentando llevarnos a tiempos antiguos.

–Estrenan vocalista en este trabajo, ¿cómo ha sido la adaptación a Deborah Ayo?

–Ha sido todo muy natural. A Deborah ya la conocíamos y ha encajado perfectamente, porque conocía la banda y el proyecto. Ha sido muy bonito ya que coincide con un cambio que queríamos dar, metiendo sonidos más rockeros y psicodélicos, y su voz le da un carácter muy especial. Es un lujo trabajar con ella y estamos encantados con el resultado.

"Freedonia se formó como un grupo de amigos y poco a poco se convirtió en nuestro paraíso de libertad"

–No es el primer cambio de componentes en el grupo, ¿cómo logran mantener su esencia?

–Es cierto que no es la primera vez, el primer disco lo grabamos con Aurora García y luego ella montó su propio proyecto. Al final Freedonia es una banda que este año cumple 14 años y tener una banda de nueve músicos durante ese tiempo es muy difícil. A veces es imposible compaginar ciertas cosas y hay compañeros y compañeras que han tenido que dar un paso al lado. Es un proyecto que ocupa mucho tiempo, pero es el camino que tenemos y lo importante es que ese espíritu se mantenga. Siempre decimos que nos gustaría que dentro de 400 millones de años Freedonia siguiera existiendo y que siguiera con esta manera de hacer las cosas.

–En Conciencia abordan nuevos sonidos, más allá del soul y el funk. ¿Es una manera de abrir el abanico de su público?

–La realidad es que ha sido una evolución natural. Nosotros tenemos gustos de todo tipo de música, aunque es cierto que tocábamos juntos música negra. Pero también compartimos la composición y al final hay muchos matices que no vienen de la música negra, y sí de bandas sonoras, de música de las películas del Oeste, de música japonesa o africana… Al final todo eso está salpimentado en nuestro sonido con la base del soul. A partir de ahí, el resto son gustos y una evolución natural de nuestro sonido. La música es algo que no concebimos como una moda, porque la moda va cambiando de lugar y de sitio. Hemos grabado en el mismo estudio, con otros sonidos diferentes y nos hemos metido más en el rock o la experimentación con música de la época psicodélica. Son matices que al escuchar nuestra discografía se notan como una evolución natural.

Freedonia se fotografía con el público tras uno de sus conciertos. Freedonia se fotografía con el público tras uno de sus conciertos.

Freedonia se fotografía con el público tras uno de sus conciertos. / El Día

–¿Cómo es el proceso creativo entre nueve componentes?

–Solemos poner las ideas en común y luego cada uno aporta en el ámbito en el que se maneja mejor. Al final, eso hace que los temas pasen en un momento dado por tu mano. También tenemos la suerte de que escribimos todos. En mi caso, por ejemplo, los baterías suelen estar encasillados en la percusión, pero yo también escribo letras. El objetivo es intentar sacar todo el jugo a los temas y que pasen el filtro de Freedonia, que siempre hace que queden mejor.

–Todo ese proceso se transforma en diversión y liberación en el directo, su gran fuerte.

–Nosotros consideramos que el show es un elemento vivo y el público forma parte de él. La energía es una de las partes fuertes de nuestro show, pero también intentamos diferenciar el concepto del directo de los trabajos en estudio. Queremos ofrecer una gama de colores que abarque todo. En nuestro show hay tiempo para bailar, para pensar y para emocionarse. De eso se trata, de llevar al espectador al estado anímico que cada canción cuente.

–¿Son muchos los seguidores que les descubren a través de un concierto antes de haber conocido vuestra discografía?

–Es cierto que suele pasar. Nosotros pensamos que una banda donde realmente tiene que lucir es en el directo. El compromiso es que todo nuestro trabajo se enfoque a que el directo se toque bien y sea bien recibido. También es verdad que ver a nueve músicos en el escenario es muy llamativo y el público lo agradece. Además, de cualquier edad, porque hemos tocado con niños o con personas mayores y al final te das cuenta de que la música no tiene edades ni modas.

"Para nosotros es un auténtico lujo trabajar así, el público nos da total libertad para hacer lo que queramos"

–El crowdfunding (micromecenazgo) ha sido vital para el desarrollo de Freedonia. ¿Por qué decidieron apostar por esa vía?

–Nosotros empezamos a tocar en Madrid y cuando los conciertos se empezaron a llenar de gente nos pedían un disco, pero no teníamos medios para hacerlo. En aquellos tiempos existía el concepto del crowdfunding, que no estaba desarrollado como ahora, pero hicimos la apuesta. El primer disco fue un éxito total y el segundo sí que lo producimos nosotros. Con el tercero queríamos ver si la gente seguía ahí apoyando, porque al final es importante generar una comunidad y esa simbiosis con el público. Si no llega a ser por el crowdfunding, Freedonia no habría salido adelante. Para este nuevo disco ha sido igual, porque lo cierto es que a día de hoy no hemos tenido oferta alguna de una compañía discográfica. Pero es que para nosotros es un auténtico lujo el poder trabajar así, el público nos da total libertad para hacer lo que queramos. Poder editar nuestro cuarto disco en vinilo, grabando todos en analógico y a la vez, como hemos hecho desde el primero, es un lujo que quizás las compañías no te lo quieren ofrecer.

–Vuelven a Córdoba tras muchos años. ¿Qué encontrará el que se acerque al concierto?

–Es cierto que pasamos por Córdoba antes incluso de editar el primer disco y estamos con muchas ganas de volver. La gente va a encontrarse un show muy participativo. Nuestro público junta a gente de todas las edades con ganas de pasarlo bien y eso es algo muy bonito. La idea es que el público participe, que pueda bailar pero también pensar y emocionarse.

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