El gran emigrante | Crítica

Inmigración interestelar

Manu Sánchez, en un momento de 'El gran emigrante'. Manu Sánchez, en un momento de 'El gran emigrante'.

Manu Sánchez, en un momento de 'El gran emigrante'. / Juanma Rodríguez

Al mal tiempo, buena cara. Bien podría ser el dicho al cual acogernos este fin de semana quienes acudimos al Teatro Góngora para ver al humorista, presentador, actor y escritor Manu Sánchez con su último espectáculo, El Gran Emigrante.

Tras viajar más de 10.000 años luz, un visitante inesperado llega a la Tierra en su nave espacial y, por un error inexplicable, en lugar de llegar a New York (capital del mundo libre) aterriza en una azotea de Córdoba.

Con la nave averiada pasa el tiempo en este lugar observando las singularidades de los seres humanos. A lo largo de un año, desde su elevada posición descubrirá nuestras virtudes y defectos. La forma que tenemos de entender la vida y relacionarnos con lo cotidiano serán los temas de conversación que registra y comenta este gran emigrante que llegó con intención de dominar nuestra tierra y paradójicamente termina cautivado por ella.

Pocos elementos escenográficos y efectos han sido necesarios para recrear este show. Basta la magia de Manu Sánchez y su maestría inconfundible a la hora de comunicar para que el público quede abducido a lo largo de dos horas sin interrupción, en las que el tiempo es medido con precisión para tomar aire y soltarlo en forma de risa o carcajada.

El artista, literalmente, nos mete en su bolsillo. Lo único que debemos hacer es disfrutar de su humor tan nuestro hasta que llega el final y nos saca para levantarnos de la butaca y aplaudirle.

¿Hay vida fuera de nuestro planeta? Manu Sánchez ha tenido que encarnarse en un extraterrestre para demostrar que, además de existir, incluso puede que sea bastante más inteligente que la nuestra, sobre todo en estos momentos tan extraños que nos toca padecer. En este tiempo confuso donde la responsabilidad es un deber por encima de cualquier derecho, uno de los pocos actos de libertad que podemos realizar sin hacer daño es reír. Gracias Manu.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios