¿QUIÉN ES EL SEÑOR SCHMITT? | CRÍTICA ¿Quién es quién?

Una escena de la obra '¿Quién es el señor Schmitt?' Una escena de la obra '¿Quién es el señor Schmitt?'

Una escena de la obra '¿Quién es el señor Schmitt?' / El Día

Casi una década hemos tenido que esperar para conocer sobre los escenarios españoles al matrimonio Carnero, apellido escogido por Sergio Peris Mencheta para su versión y dirección de ¿Quién es el señor Schmitt? , de Sébastien Thiéry.

Justo cuando se disponían a comer, el matrimonio Carnero escucha el sonido de un teléfono, algo que les choca ya que ellos no tienen instalado en casa uno. La sorpresa va en aumento cuando descubren el teléfono que suena y el marido atiende la llamada de alguien que pregunta por el señor Schmitt.

A partir de ahí la realidad de los Carnero comienza a desmoronarse para imponerse otra. En la pugna por establecer cuáles son sus verdaderas identidades solo hay dos salidas: dejarse llevar por la corriente o nadar contra ella. Esta cara y cruz divide a la pareja y los arrastra a un destino grotesco.

Barco Pirata no ha escatimado en esfuerzos técnicos y artísticos en la recreación de la obra de Thiéry. Sobre un elegante e imponente espacio escénico que Curt Allen Wilmer ha diseñado, Peris Mencheta dirige con hábil precisión. Para resaltar mayor contraste crea disonancias entre la naturalidad de los protagonistas y lo caricaturesco de los personajes secundarios.

El resultado es una comedia de corte absurdo e inquietante que divide al espectador entre la risa y la reflexión. Es muy complicado lograr este efecto, algo que para satisfacción del espectador ocurre gracias a su magnífico reparto. Javier Gutiérrez y Cristina Castaño son toda una garantía de calidad interpretativa y sobre las tablas nos seducen con la amplia gama de registros que ostentan.

Xabier Murua, Quique Fernández y Armando Buika los arropan y refuerzan la escena de forma proverbial. Juntos deleitan a un público que termina en pie para aplaudir su gran trabajo.  

Mientras observaba esta obra de Thiéry me pregunté cuántas veces pudo visitar el Théâtre de la Huchette para ver La cantante calva de Ionesco, que desde 1957 se representa de manera ininterrumpida.

El acogedor salón de una familia acomodada, el reloj que marca el tiempo o el apellido  de los protagonistas parecen guiños de un alumno aventajado hacia su maestro, con la particularidad que tiene el texto del más  joven al cabalgar entre la comedia del absurdo y el drama existencialista.

También me pregunto qué parte de mí es el señor Carnero que otra el señor Schmitt. Si es más conveniente enfrentarse a lo establecido o dejarse llevar. Difícil elección.

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