El caballero de Olmedo | Crítica de teatro

Un clásico en toda regla

Un momento de la representación de 'El caballero de Olmedo', de Teatro Par. Un momento de la representación de 'El caballero de Olmedo', de Teatro Par.

Un momento de la representación de 'El caballero de Olmedo', de Teatro Par. / José Carlos Muñoz

Ni la situación tan adversa que atravesamos frenó al público de la ciudad para acudir el pasado sábado al Teatro Góngora en un horario casi propio de la obra que iba a representarse si estuviéramos en un corral de comedias y fuera el siglo XVII. Teatro Par subió a las tablas con El Caballero de Olmedo.

Lope de Vega nos presenta un drama basado en el romancero, de corte amoroso con pinceladas cómicas: Caballero (de Olmedo) visita la vecina Medina y se enamora de dama pretendida por otro. Con ayuda de su pícaro sirviente y una alcahueta consigue la atención de la muchacha y el pretendiente que recibe calabazas, junto con otros compinches, se venga despachando al forastero y dejándolo moribundo en un camino. El fatal suceso queda al final reparado, aunque a medias: el rey condena a los asesinos y la doncella recibe los hábitos de monja.

Para representar esta obra sencilla de argumento, pero compleja en factura, la Compañía de Teatro Clásico de Córdoba se emplea a fondo con el mejor material que dispone. Su trayectoria y el amplio repertorio de producciones que ostenta facilita que el equipo artístico bajo la dirección del maestro Antonio Barrios aborde la obra con garantía y solvencia.

Los arreglos musicales de Miguel Linares para la canción que habla del protagonista abre el telón de un espectáculo elegante y cuidadoso en detalles. Sobre la escena fija, todo el elenco interpreta impecablemente el verso y la acción que lo acompaña.

Todos brillan en sus intervenciones, destacando Álvaro Barrios y Elena Morena en sus roles de enamorados, Antonio Navarro como pretendiente despechado y Enrique Garcés y Ana Rísquez que, con sus respectivos papeles de criado y alcahueta, son los que aportan el toque humorístico que alivia la tensión dramática. Junto al resto de componentes recibieron el largo y caluroso aplauso del respetable al acabar la función.

Que de noche le mataron / al Caballero, / la gala de Medina, / la flor de Olmedo.

Mientras el resto de los mortales necesitamos rebuscar entre libros, artículos y testimonios, al bueno de Don Félix Lope de Vega y Carpio le bastaron cuatro frases de una coplilla para montar una historia de tres actos como El Caballero de Olmedo. Si a ello unimos (entre ensayos, rimas y obras de teatro) la friolera de 3.000 creaciones que se le atribuyen, unido a la extensa, tórrida y prolífica vida personal que tuvo, no es de extrañar que lo apodaran Fénix de los ingenios o Monstruo de la Naturaleza. Casi .

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