Crítica de Músicacine

Una bendita reinvención que continuará

Los Secretos y la Orquesta de Córdoba, el pasado miércoles en el Teatro de la Axerquía. Los Secretos y la Orquesta de Córdoba, el pasado miércoles en el Teatro de la Axerquía.

Los Secretos y la Orquesta de Córdoba, el pasado miércoles en el Teatro de la Axerquía. / juan ayala

Los Secretos no engañaron nunca musicalmente a nadie. Desde que nacieron imberbemente con el nombre de Tos allá por 1978 con los hermanos Javier, Enrique y Álvaro Urquijo y el batería José Enrique Cano Canito como primera formación, se han mantenido fieles a un estilo que ha sobrevivido a modas durante ya cuatro décadas, que se dice pronto. Bueno, con una excepción, todo el mundo comete errores y ellos cometieron uno a la hora de elegir una producción demasiado de la época para un disco, Continuará (1986), que estropeó con más teclados de la cuenta un ramillete de preciosas canciones, pero del que, como reza uno de sus clásicos, resucitaron musicalmente para continuar a nuestro lado. Los Secretos han sido en este país esa especie de Dire Straits que, como el británico grupo de Mark Knopfler, se empeñaron a contracorriente en no sonar como se sonaba en parte de los 80, con teclados por aquí y teclados por allá en sus discos para, en lugar de venderse a las demandas de la industria, hacer un pop-rock honesto y atemporal y crear de esa forma clásicos inmortales de la música de este país.

En ese caminar de ya 40 años, Los Secretos ha sido una banda obligada a renovarse en todos los sentidos. En lo humano, la vida los ha forzado a reinventarse sobreviviendo a la muerte de Canito, después a la del batería que lo sustituyó, Pedro A. Díaz, y más tarde a la más difícil, a la de quien era su líder, el inmortal Enrique Urquijo. Y en lo musical… pues Córdoba vivió un ejemplo el pasado miércoles en el Teatro de la Axerquía, donde buena parte de la formación que grabó aquel Continuará -Álvaro Urquijo (voz y guitarra), Jesús Redondo (teclados entonces, piano en la Axerquía), Ramón Arroyo (guitarras), a los que se sumaron hace ya décadas Juanjo Ramos (bajo) y Santi Fernández (batería) para convertir la formación en clásica- dieron buena cuenta arropados musicalmente por la Orquesta de Córdoba, bajo la magistral dirección de Miguel Rodrigo, de un repertorio que abarca desde aquel trabajo homónimo de 1980 hasta ese su último LP de estudio de 2015 en el que, como su propio título indica, tomaron prestadas canciones de otros para llevarlas mágicamente al terreno Secretos.

La banda muestra que el pop-rock y la música clásica se entienden a la perfección

Con el espíritu de Enrique en el ambiente -porque Enrique siempre está presente en los conciertos de la que fue su banda, recitales en los que muchos de los temas que se interpretan llevan su firma- el grupo madrileño volvió a demostrar con sobresaliente profesionalidad en Córdoba que es responsable de buena parte de la banda sonora de las últimas cuatro décadas de este país, también con algún que otro tema prestado, como Aunque tú no lo sepas, de Quique González, que sonó sublime con los arreglos orquestales de Jesús Redondo, un gran músico, vaya por delante, al igual que todos los integrantes de la banda, algo que no pueden decir muchos de los que ahora están en la cima de las listas musicales.

Redondo y Ramos son los responsables de esos arreglos que interpretó también magistralmente la Orquesta de Córdoba consiguiendo que súper clásicos como Déjame, Ojos de Gata, Buena Chica -una de esas canciones estropeadas en Continuará- o Pero a tu lado hayan mutado demostrando que el pop-rock y la música clásica pueden llegar a complementarse a la perfección en un romance de sonidos que convierte a las canciones en aún más atemporales, si cabe. Tan atemporales y clásicas como sonaron una tras otra en Córdoba desde Agárrate fuerte a mí, María -una de los últimos temas firmados por Enrique, dedicado a su hija y con el que comenzó el concierto- hasta Otra tarde -también de Enrique-, con la que acabó un recital que volvió a dejar claro que el modo sinfónico de Los Secretos es una bendita reinvención que, como rezaba el título de aquel disco fallido por la producción de 1986 del que resucitaron musicalmente, continuará, debe continuar.

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