Arte

Los abiertos planteamientos del realismo llegan a Córdoba

  • La Sala Vimcorsa de la capital ofrece una muestra espectacular en la que artistas de toda España logran atrapar la mirada del espectador

Una de las obras de la exposición.

Una de las obras de la exposición. / El Día

La pintura –también la pintura- figurativa ha pasado, durante mucho tiempo, por momentos de sumo cuestionamiento. Es verdad; tan contestable realidad no puede ofrecer duda. Los espurios planteamientos de un sector del arte, con asentamientos favorables hacia lo que se consideraba la verdadera modernidad –la no figuración-, dejaba atrás un arte muy valioso que tenía muchos buenísimos argumentos a favor y que, sin embargo, era relegado, por los intereses de los que manejaban los hilos artísticos desde las trastiendas de los Centros de Arte, ciertos museos, galeristas estrellas y sus desinformados, obtusos y hasta descarados colegas advenedizos que querían ser como ellos pero que carecían de categoría suficiente.

Mucha mala crítica se sumó a las algaradas antifiguración para imponer potestades que ni eran cosa suya ni les correspondía –la independencia era un concepto que algunos no han dominado nunca-; también, las instituciones culturales, sobre todo aquellas que respondían a lo que gratuitamente se llamaba “progresía”, se decantaron por una creación ajena a las posiciones no concretas. Todo esto perjudicó notablemente a una manifestación realista que quedó relegada en los grisáceos cuarteles de invierno de un apagado ostracismo.

El realismo es tan necesario como cualquier otro tipo de expresión artística. El problema radica en que muchas veces se agrupa en una misma realidad asuntos de muy distinta argumentación. Vayamos por parte. El realismo, la figuración, el arte concreto no es bueno sólo porque manifieste técnicamente lo real de manera fiel a lo que la mirada capta. Ese es, al menos, un realismo pobre, efectista y epidérmico, aquel que únicamente busca la plasmación exacta y sin resquicios, sin que el artista tome partido y sólo manifieste lo que el ojo ve y lo real ilustra; es aquello que, más o menos, le decía Cezanne a su madre: “… debo seguir trabajando pero no para llegar al acabado de los cuadros que suscitan la admiración de los imbéciles”.

Una obra de María José Cortés Antequera. Una obra de María José Cortés Antequera.

Una obra de María José Cortés Antequera. / El Día

Ese fotorrealismo es sólo para paladares pobres, para los que se contentan con llenar la barriga y saciar la sed con vino correcto pero de nula solera. Y ese fotorrealismo le ha hecho mucho daño a la verdadera figuración, a la que cuenta historias, a la que relata argumentos bien consolidados, a la que transcribe una idea…; todo sin tener que ajustarse fielmente a un estricto sentido de lo absolutamente “bien” representado. ¿Para qué sirve copiar una fotografía con objeto de captar todos, absolutamente todos, los detalles? Sólo como terapia, para demostrar absurdas capacidades técnicas y para convencer las miradas de los fácilmente convencibles. Eso no es buena figuración ni excelso realismo.

La muestra

La exposición El renacer de la figuración tiene de todo. Hay muy buena figuración, extraordinarias piezas convincentes, motivadoras, contundentes en el fondo y en la forma, rigurosas pictóricamente y portadoras de una trascendencia conceptual sin fisuras. También existen otras en las que subyace un deseo empático absoluto; un virtuosismo técnico con vacío contenido artístico, un fácil juego ilustrativo y un privilegiado argumento de sumo interés fotorrealista.

La muestra que se presenta en la Sala Vimcorsa de la capital cordobesa –calle Ángel de Saavedra, 9-, magnífico espacio expositivo donde han recalado extraordinarias muestras que permanecen en la memoria de los buenos aficionados, antes bajo la coordinación de José María Báez y, ahora, de Óscar Fernández, presenta una selección de los fondos del MEAM –Museo Europeo de Arte Moderno-; un centro creado, en los primeros años de la anterior década, por el arquitecto José Manuel Infiesta y con sede en un palacio del siglo XVII, en pleno barrio gótico barcelonés. Esta institución proviene de la Fundación de las Artes y los Artistas, creada por él en 2005. También está detrás del importante Certamen “Figurativas”, uno de los más significativos de España por su dotación y por su apuesta total por la escultura y pintura figurativas.

Es verdad, que la muestra es espectacular, atrapa la mirada y te hace, en muchas ocasiones, dudar de la realidad de lo que estás contemplando. Sin embargo, transcurridos esos momentos, más ilusorios y ficticios que emocionantes, el espectador se siente envuelto en la absoluta dimensión de la pintura –la escultura es escasa–. Ella se nos aparece en toda su amplia argumentación. Todo parte de una determinante posición técnica; desde lo más riguroso a lo más efectista. Desde inicio, el visitante se introduce en los registros abiertos y vastísimos del realismo.

La muestra 'El renacer de la figuración'. La muestra 'El renacer de la figuración'.

La muestra 'El renacer de la figuración'. / R. G.

Hay pintura fría, que sucumbe a los dictámenes de una técnica deslumbrante y al virtuosismo epatante. Nada más. Después se abren las perspectivas y nos encontramos con interactuaciones bien formuladas entre el concepto y la forma plástica; con obras que relatan, retratan o describen, con piezas que formulan nuevos episodios en el contexto general de la gran figuración. También nos encontramos con una escultura muy bien posicionada; que plantea, a las claras, los esquemas de la expresión tridimensional con los supuestos de un realismo tradicional, con pocos guiños a novísimos desarrollos y desenlaces.

En la balanza de los intereses –los míos, claro está, siempre amparados en los arbitrios de la más “dasapasionada” subjetividad– creo que las propuestas de Svetlana Tartakovska, Guillermo Muñoz Vera, José Carlos Naranjo, José Izquierdo Vera, Paco Lafarga, Eloy Morales, Ignacio Estudillo, Ismael Fuentes, María José Cortés Antequera, Carlos Morago, Jorge Gallego, Virginia Bersabé, Juan Bautista Nieto, Golucho, José Luis Muñoz Luque, Jacobo Alcalde, Jan Mikulka y Manuel Hurtado, en el apartado pictórico; así como las esculturas de Pedro Quesada, José Manuel Belmonte, Eudald de Juan Górriz, José Manuel Martínez Pérez y Grzegorz Gwiazda, han dejado en este que les escribe, el mayor pozo de sensaciones en esa oferta de poderío artístico espectacular.

Creo que la Figuración, la buena, no puede renacer porque siempre ha estado y va a seguir estando.

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