rocío márquez. cantaora

"Vivimos un momento maravilloso en el flamenco"

  • La onubense se estrena en la cita con su repertorio más tradicional, una de esas dos vertientes que cada vez necesita más para sentirse realizada

La cantaora onubense Rocío Márquez. La cantaora onubense Rocío Márquez.

La cantaora onubense Rocío Márquez. / josué correa

Pocos artistas flamencos se mueven tan bien entre la tradición y la renovación como lo hace Rocío Márquez. Será porque a pesar de que sus inquietudes la han llevado a salirse de los caminos más convencionales, en ella todavía queda mucho de la niña que creció cantando en las peñas y curtiendo su dulce y clara voz. Mañana, Rocío Márquez hará su primera incursión en la Noche Blanca del Flamenco con su repertorio más tradicional, una de esas dos vertientes que le hacen seguir viviendo con pasión su camino.

-Se estrena en la Noche Blanca del Flamenco, quizás la única cita grande que le faltaba por pisar.

-La verdad es que estoy ilusionadísima, es un festival al que he ido mucho pero de espectadora. Estar allí me emociona, además en un sitio como el Patio de los Naranjos; creo que si lo llego a soñar no lo sueño tan bonito.

-¿Qué podremos ver en Romance a Córdoba?

-Vamos con un registro más tradicional, con Manuel Herrera a la guitarra y los Mellis a las palmas y coros. A mí me gusta mucho cuando vamos con un espectáculo de este tipo dejar abierto el repertorio, adaptarlo a lo que ves en el momento, al feedback de la gente.

-Pocos artistas flamencos se mueven tan bien en esa dualidad entre la tradición y la renovación.

-Para mí es casi una necesidad. Le pierdo mucho el sentido a lo que hago si no tengo un pie en cada parte. Al mes, mínimo hacemos tres o cuatro espectáculos distintos y eso te hace disfrutar más cada uno de ello. No es sólo que me sienta cómoda en esa dualidad, si no que llega un punto en que la necesito para sentirme realizada.

-Por su carácter conciliador, ¿se siente en medio del eterno debate entre el purismo y la renovación?

-Muchas veces me siento en medio de esa película, sí [risas]. Pero es verdad que yo voy a ver a Niño de Elche o Rosalía y disfruto muchísimo, pero también voy a ver a José de la Tomasa o Farruquito y alucino. Creo que nos perdemos mucho cuando no somos capaces de sacar lo mejor de cada artista. Cada uno es capaz de dar algo diferente y poder disfrutar de ese sello único de cada persona te da mucho placer. Percibo desde la pena esas polémicas porque parece que no podemos apreciar toda la amplitud que tiene este arte, las distintas maneras de manifestarlo y sentirlo.

-Con su último trabajo, Firmamento, demostró que un disco puede ser muy flamenco sin que suene una guitarra española.

-Cada vez pienso más que todo es muy relativo en cuanto a las etiquetas. Con Firmamento me di cuenta de que para los puristas ese disco es una transgresión y para los más indies es flamenco puro [risas]. Al final piensas que cada uno lo vea como quiera, tienes que pensar en lo que sientes cuando lo haces y lo que te motiva.

-¿Se puede adoptar una postura renovadora sin caer en la constante transgresión?

-Claro que sí y además es necesario: para que exista la transgresión tiene que existir el purismo y al revés. Es un debate eterno y bienvenido sea porque nos hace cuestionarnos cosas constantemente. Yo antes me lo tomaba todo de manera mucho más personal, ahora veo las cosas con más perspectiva, intento asimiliar estos debates con naturalidad y que lo que me guíe siempre sean mis sensaciones.

-Ese debate también demuestra que el flamenco está muy vivo.

-No sé si peco de demasiado positiva, pero creo que vivimos un momento maravilloso en el flamenco, con líneas muy distintas caminando en paralelo y eso es lo que el arte necesita para tener la mayor amplitud posible. El momento actual lo veo muy interesante. Que en una misma programación entren Israel Galván y Farruquito ya es habitual, lo tenemos más interiorizado, sin embargo en el cante parece que cuesta más.

-¿Es necesario renovar la tradición para llegar a los jóvenes?

-Creo que esto ha ocurrido siempre, quizás ahora haya más marketing. Morente o Marchena en sus épocas eran renovadores, siempre los ha habido y los habrá. Es maravilloso que haya líneas distintas dentro del flamenco, pero no nos creamos más revolucionarios que otros artistas. Será que a mí siempre me han gustado mucho artistas como Carmen Linares, que ha hecho muchas cosas en el filo de la navaja y jamás se ha puesto la etiqueta de renovadora. Vivimos en un momento de más egocentrismo, pero si eso sirve para acercar al público al flamenco, bienvenido sea. Pero por lo menos tenemos que ser conscientes de que ahora está bien visto ser renovadores, pero en otros momentos no fue así y hubo gente que tuvo que emigrar o que pasó hambre.

-Usted dice mucho que a la hora de crear o interpretar le cuesta salirse de su generación y adoptar el discurso de hace 50 años.

-No podemos actuar como si no fuéramos de una generación que ha vivido la globalización desde pequeños. Esa inmediatez, para bien o para mal, nos impide seguir con el discurso de hace 50 años y eso se tiene que notar en lo que hacemos, para que no haya falta de coherencia. Yo intento hacer eso, desde el respeto a una tradición que amo y que me enamora, pero tengo que permitirme ciertas cosas propias de las circunstancias en las que he vivido. No hemos pasado hambre, somos una generación que ha estudiado. Y creo que no podemos hacer siempre lo mismo para ser como un reproductor al que le das al play.

-Otra etiqueta asociada al flamenco es el machismo, como si fuera algo ajeno a la sociedad.

-Yo siempre digo que el flamenco es machista, como la sociedad lo es. Cuanta más conciencia tengamos de eso antes llegaremos a la igualdad. Hace poco titularon una entrevista mía con esa frase y no sabes la que me dieron por las redes sociales, era parte de mi respuesta, no entera, pero considero que es necesario. El que se monte un revuelo por eso pone de manifiesto lo necesario que es decirlo. Algunos compañeros me comentan que diciendo esto reafirmamos ciertos clichés que ya hay sobre el flamenco, pero claro, tampoco podemos decir que el flamenco no es machista. Lo es igual que la sociedad en la que vivimos.

-¿Le han servido sus estudios en Educación Musical para el desarrollo de su carrera artística?

-A mí me ha dado mucha libertad a nivel conceptual. Recuerdo de pequeña que solían decirme que cantaba bien pero que no cantaba jondo. De escuchar esos comentarios dejé de hacer cantes con los que me siento bien y me identifico. Al llegar a la universidad y ver que, por ejemplo, la guajira como término apareció antes que la soléa, pues se te quitan esas tonterías. En mi carrera me he podido permitir ciertas licencias fundamentadas en el conocimiento que otros estudiosos me han transmitido. Para mí el conocimiento ha sido un elemento liberador.

-¿Tiene pensado disfrutar de la Noche Blanca tras su recital?

-Por supuesto. Vendrán amigos y familia, así que después de cantar iremos a ver a los amigos, la única pena es que coincido casi en hora con Paco [Niño de Elche], pero disfrutaremos de los compañeros que cantan más tarde.

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