XXII Cordobán Flamenco | Crítica Vibrante encuentro flamenco

María José Abad, con Rafael Trenas hijo a la guitarra.

María José Abad, con Rafael Trenas hijo a la guitarra. / Laura Martín

Enganchador cartel el que este año ha confeccionado la Asociación de Artistas Flamencos de Córdoba para celebrar su tradicional Cordobán, puesto en marcha allá por 1997 y para la ocasión con la prevista presencia del maestro Fosforito, presidente de honor del colectivo, que no pudo asistir.

Su programación siempre es interesante por reconocer la importancia de tantas figuras y entes que contribuyen a engrandecer este arte musical ya tan globalizado, entregándoles en cada edición sus galardones. Este año la distinción ha ido para la Peña Fosforito de Córdoba y el cantaor cordobés Salako.

En esta cita rica en participantes pasó por el escenario del Gran Teatro la cantaora cordobesa María José Abad, con el toque de Rafael Trenas hijo, para emplearse en primer lugar en tonás, con cantiñas de Córdoba, proseguir por granaína y media, concluyendo su trabajo con guajiras. Una actuación gustosa y apreciada por la aficción que valoró su afinación, vocalización e imagen. Como siempre, ella respondió con agrado y con la admiranción ganada por su impulso lleno de pundonor.

Por su parte, El Jaro –cantaor de Villa del Río muy considerado en los más frecuentados rincones flamencos por su lauredo palmarés– concursó en Puente Genil este verano, donde se hizo con el Membrillo de Oro, no habiendo año que no acapare otros para incrementar su proyección y poderoso cante.

Así, con su presencia junto a la sabia sonanta de Antonio Migueles, cada vez más selecto tocaor, atrajo la atención de los asistentes con malagueña y abandolao, en granaína y media, también con seguiriyas de Curro Durse, así como por fandangos naturales caracoleros y Carbonerillo, peleando con el cante para acabar su aportación en este festival de la asociación de artistas.

Y además, con la espectacular presencia en el teatro cordobés del brillante e inquieto genio gaditano David Palomar –Premios Caracol y Camarón en el Concurso Nacional de 2007–, que con su comparecencia se impuso.

Así, el coliseo del bulevar tiró de muchos, incluso no frecuentes en el flamenco, consiguiendo que la sala manifestara el agrado en clamor con tan imponente personalidad. Cantes, por ende los impregnados de los esteros salineros de su bahía que tanto juego dan.

Nutrido grupo de cantiñas, seguiriyas, tanguillos y hasta los “caramelos” de Macandé, estilos de Manolo Vargas, Pericón y qué se yo, incluyendo entre estos al inolvidable Chano y sus dejes carnavalescos, con pataítas y vueltas incluídas. Sobrebrillando con el conocimiento de la sonanta de Rodríguez y otros mecidos con las palmitas sordas del séquito. Esto permitió a este elegante artista –el Sinatra flamenco–, acabar con el foro de pie, aplaudiendo incansable.

Mas en Córdoba y al baile, cómo dejar atrás la figura y genio de Rafael del Pino Keko, tan bien escoltado como siempre con El Tomate al toque, Miguel del Pino en cante y demás indispensables a las palmas y percusión, y a su vez cantando, con este torbellino en giros de una verticalidad de al filo de lo imposible, que puso a la sala en vilo.

De modo que, partiendo de taranta de Almería, comenzó su actuación en primera salida, acaparando el irreprimible y complaciente plácet de la concurrencia. Como en la siguiente comparecencia para clausurar por cantiñas, con toda clase de elogios y oportunos oles en los trepidantes taconeos, punta y tacón, desplantes y contrapuntos, a base de estilo y personalidad arrolladora de los movimientos que acometió.

En fin, un compendio de satisfacciones y agrado expandido por todo el hermoso marco que nos acogía, donde se hizo realidad lo anunciado por el elocuente presentador, Paco Martínez, que iba vaticinando lo que nos aguardaba en toda la representación y en el desfile hasta la recoleta calle Alegría.

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