Crítica de Música

Tradición en el Góngora

Manuel Barrueco, el domingo en su recital en el Góngora. Manuel Barrueco, el domingo en su recital en el Góngora.

Manuel Barrueco, el domingo en su recital en el Góngora. / jordi vidal

Un año más, Manuel Barrueco se sube al escenario del Teatro Góngora para mostrarnos su estética musical, en la cual esta vez prepondera la tradición en la guitarra clásica a partir de obras de gran fama para el instrumento.

Barrueco comienza con Luys de Milán a través de una interpretación segura, donde cada Pavana se une a la siguiente en una línea calma y llena de quietud que se verá interrumpida por el riesgo implementado de la Suite BWV 1001 de Bach, en la que distintos movimientos se suman a una tensión musical in crescendo que desemboca en un presto final de gran virtuosismo, velocidad y conducción de voces en las seis cuerdas.

Como si de una forma musical tripartita se tratase, finaliza esta primera parte de concierto nuevamente con variaciones sobre un tema de Milán (aunque bajo la óptica de Joaquín Nin), las cuales se suceden en complejidad y densidad armónica, llegando a ejecutar las partes finales con una potencia de ataque casi desgarradora.

Tras esta sección dedicada al Renacimiento y Barroco, el segundo bloque se inicia con una figura clave del Clasicismo guitarrístico: Fernando Sor se presenta en manos de Barrueco a través de la brevísima Sonata Op. 15 b, que con un aire interpretativo sencillo y vivaz nos conduce a la Introducción y variaciones del aire Malbrough, haciendo resonar en el teatro Mambrú se fue a la guerra a partir de variaciones rítmicas y tonales desgranadas por nuestro guitarrista sobre este tema francés tan popular.

Como no podía ser de otra forma, el final programado se basa en piezas de Albéniz (uno de los puntales de Barrueco en su recorrido profesional) pero en lugar de Aragón escuchamos por el contrario la Andaluza de Granados, sin desentonar en la estética de esta sección, con la que muestra una transcripción muy personal y una ejecución plagada de cambios en tempo y dinámica, redirigiendo al público hacia Cádiz (ahora sí, de Albéniz) y cerrando el concierto con la consagrada Asturias, ambas lanzadas desde la experiencia y robustez sobre el escenario.

El público pide con los aplausos finales una triple tanda de propinas musicales, abordadas por Barrueco con nombres de mujer: Natalia (Vals Venezolano n.3) es la primera en aparecer, seguida tras nuevos vítores por un estudio de Fernando Sor y finalizando con El testament d'Amelia de Llobet para crear la nebulosa final de esta actuación ambientada en un recorrido musical por la historia de la guitarra.

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