Crimen y telón | Crítica El Teatro ha muerto. Larga vida al Teatro

Una escena de 'Crimen y telón', el pasado sábado en el Gran Teatro. Una escena de 'Crimen y telón', el pasado sábado en el Gran Teatro.

Una escena de 'Crimen y telón', el pasado sábado en el Gran Teatro. / Jordi Vidal

12 de enero de 2039. En un edificio abandonado donde antiguamente se hacían representaciones se ha cometido un asesinato. Nombre de la víctima: Teatro. Este es el punto de partida que Ron Lalá nos propone en su último espectáculo, Crimen y telón.

A través de este particular Cluedo, la compañía madrileña nos traslada a un futuro ficticio y globalizado. Víctima de la superpoblación, nuestro planeta, ahora bautizado como Ciudad Tierra, se ha convertido en un lugar donde la tecnología impera y todas las Artes han sido prohibidas. Noir, detective con un oscuro pasado de adicción a la poesía, investigará el articidio bajo supervisión del teniente Blanco.

Para resolver el caso hará todo lo posible, incluso infiltrarse dentro de las mafias que trafican con las artes perseguidas por la AAA (Agencia Anti-Arte). Su inmersión en los bajos fondos a costa de luchar contra sus demonios interiores le llevará a descubrir el asombroso e inesperado misterio que oculta este supuesto crimen.

El sello que Ron Lalá imprime a sus montajes adquiere con 'Crimen y telón' una envergadura hasta ahora nunca vista

El sello característico que Ron Lalá aporta en sus montajes adquiere con Crimen y telón una envergadura hasta ahora nunca vista. Texto original, música, iluminación, imagen, sonido, vestuario; todo se amplifica gracias a la madurez artística del grupo que la compone, muy conocedor del nutrido espectro creativo que cada miembro atesora y les conduce a la creación colectiva. Yayo Cáceres observa, escucha y dirige con precisión quirúrgica el ingenio de estos intérpretes que con su soberbio ejercicio de metateatro se han superado a sí mismos y pone en pie a todo el auditorio para ovacionarlos como es debido.

Para que el Teatro adquiera la categoría de Arte es imprescindible que ofrezca entretenimiento unido al espíritu crítico necesario capaz de abrir corazones y remover conciencias. Mientras Ron Lalá y otras compañías continúen siendo fieles a este compromiso, el Teatro seguirá vivo y no sucumbirá al seductor reflejo que el Poder le devuelve. Por la Resistencia.

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