Ripollés considera que "el artista que intelectualiza el arte es un esclavo"

El creador castellonense exhibe 15 esculturas de gran formato en el Paseo de Córdoba hasta el 25 de enero · La ironía y el optimismo, la picaresca y el surrealismo naif se funden en las obras de 'Universo urbano'

Algunas de las piezas que forman parte de la exposición en el Paseo de Córdoba.
Algunas de las piezas que forman parte de la exposición en el Paseo de Córdoba.
Alfredo Asensi / Córdoba

27 de noviembre 2008 - 05:00

Juan Ripollés es, en esencia y ante todo, un hombre libre. "La clave está en el trabajo. Yo me siento libre en el trabajo de cada día", afirma un creador de poderoso talante vitalista, un fabricante de singulares universos iconográficos que hace arte con los materiales más insospechados, las emociones más directas y una imaginación que no conoce límites. Para él no existen fronteras ni disciplinas más allá de las que le impone esa voluntad creadora por la que es reconocido en todo el mundo. Ahora llega a Córdoba (ciudad en la que vivió algún tiempo en los años 60) para presentar una selección de 15 esculturas de gran formato en hierro y bronce que conforman la muestra Universo urbano, procedente de Valencia y que posteriormente visitará Madrid y Estoril. El Paseo de Córdoba ha sido el lugar elegido para la exposición, que podrá contemplarse desde hoy hasta el 25 de enero y que ha resultado posible gracias a la colaboración entre la Fundación Sánchez-Ramade, Caja Mediterráneo y la Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Córdoba.

El mensaje vitalista y humanista, irónico y lúcido de Ripollés queda reflejado en estas obras que durante dos meses dialogarán con los cordobeses. En Ripollés se produce una singular fusión entre elementos estéticos que revelan su excepcional formación teórica y artística y formulaciones que remiten a una concepción del arte como vehículo casi infantil para la expresión de los más renovadores mensajes. "La escultura le permite digresiones lúdicas sobre un cierto retorno a la infancia, considerada para él una interlocutora absolutamente válida, quizá por la propensión de los niños a la experimentación táctil", señala el comisario de la exposición, Eduardo Alcalde. Ripollés hace de la independencia creativa su principal sello. Huye de formulismos, esquematismos y conceptos: "Mi obra va cambiando con el tiempo, pero sin un propósito por mi parte. Otra cosa es buscar el cambio por intelectualismo. Eso es desarrollar conceptos, y entonces te conviertes en esclavo. El artista que intelectualiza el arte es un esclavo. Mi propuesta no es intelectual: se basa en valores".

Niños y niñas que saludan a la vida, palomas y corazones, danzarinas y tótems, toros y peces protagonizan una serie escultórica integrada en su mayor parte por obras de reciente creación. "Me gusta que salgan a la calle, que se hagan adultas. Hay que tocarlas para que vivan mejor", señala el artista respecto a unas esculturas que apuntan, según Alcalde, a "la construcción de un nuevo ser humano" entre el surrealismo y la mitología, reinas y mariposas, la vanguardia y la experiencia, la felicidad conquistada y la felicidad por conquistar.

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