Concierto Orquesta de Córdoba | Crítica

Pasión rusa

Domínguez-Nieto, al frente de la Orquesta, en el concierto junto a Prats.

Domínguez-Nieto, al frente de la Orquesta, en el concierto junto a Prats. / Laura Martín

Brillantísima sesión de clausura de la XVIII edición del Festival de Piano Rafael Orozco, que desde 2002 dirige con singular acierto Juan Miguel Moreno Calderón. El Concierto n. 3 de Serguéi Rajmáninov (1873-1943) es, por su dificultad extrema y su honda belleza, una obra mítica.

Su programación en nuestro festival constituye, además de un evidente festín musical, un impagable homenaje al gran Rafael Orozco (1946-1996), destacadísimo y apasionado intérprete del genial ruso.

Rajmáninov escribió este concierto para superhombres, para pesos pesados del piano (es el sentido del famoso “lo escribí para elefantes”, que le dijo el autor a Vladimir Hórowitz, dedicatario de la obra) y escucharlo en las manos impresionantes del grandísimo pianista cubano (y español) Jorge Luis Prats, familiar de los conciertos de nuestra orquesta allá por los noventa, fue una de las más emocionantes experiencias que recuerdo haber vivido en el Gran Teatro.

El sonido de Prats es sorprendente; su gama dinámica, apabullante; su técnica, un portento de recursos. La orquesta y su director sumaron esfuerzos creando una lectura sumamente expresiva, grandiosa.

Por si fuera poco, Jorge Luis Prats nos siguió deleitando, tras largas ovaciones, con tres generosas propinas llenas de elocuentes acentos españoles y cubanos (Ignacio Cervantes, Ernesto Leucona) que aumentaron la conexión de este músico enorme con un público entregado.

La Sinfonía n. 5 de Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893) arrancó a eso de las diez. Todas las sinfonías de Chaikovski se escuchan como dramas sin palabras, paisajes anímicos que nos arrastran desde la primera a la última nota. Domínguez-Nieto, y parece ser característica suya, optó por tempi relativamente pausados que propiciaban una claridad de texturas asombrosa y que, a los segundos de iniciarse, ya nos parecían llenos de vida y lógica expresiva. La Orquesta sonó magnífica en todas sus secciones.

Un concierto para agradecer y recordar. Para llevar, sí, admiradísimo Jorge Luis Prats, siempre en nuestro corazón.

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