El Museo Lázaro Galdiano muestra su colección de Goya
La institución exhibe por primera vez la colección que atesora de la obra gráfica del aragonés
Más de una treintena de estampas de Goya, desde sus primeros grabados de 1778 hasta sus famosos toros de Burdeos de 1825, se expondrán en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid desde mañana hasta el 12 de febrero. Las obras forman parte de una colección privada del museo madrileño, formada por 976 grabados del pintor aragonés, que se habían prestado puntualmente para exposiciones nacionales e internacionales, pero por su propia naturaleza no pueden estar expuestos de forma permanente, explicó ayer la comisaria, Carmen Espinosa.
"Es una ocasión única", subrayó durante la presentación de la muestra a la prensa. "Lo que el Museo Lázaro Galdiano tiene de Goya es un auténtico disparate, una bestialidad", añadió.
De la serie Los Caprichos, en la que Goya pone en imágenes los vicios y defectos de la sociedad de su época, se exponen dos ediciones. Al estar encuadernadas sólo pueden verse dos obras: El sueño de la razón produce monstruos, una de las primeras que realizó, y Mucho hay que chupar, elegida por su vínculo con una de las joyas de la colección permanente del museo, El Aquelarre.
Los Desastres de la Guerra, no editados en vida del artista, constituyen "un grito contra la violencia" y un testimonio del sufrimiento humano. En algunos se han hallado inscripciones, como la palabra basta, que han ayudado a interpretar el posicionamiento de Goya sobre los horrores de la guerra.
"A Goya le tocó vivir el siglo de las luces, pero también la guerra y sus consecuencias, la miseria y la represión. Fue un momento muy complejo", apuntó la comisaria.
De esa serie se incluyen dos obras, Grande hazaña con muertos y Que se rompe la cuerda, una alegoría crítica de la represión absolutista.
Pero uno de los mayores "tesoros" de la exposición son las 13 pruebas de estado de los Disparates, fechadas entre 1815 y 1816. "Estos grabados son una ventana al mundo íntimo de Goya y no se conocieron hasta 36 años después de su muerte", recordó Espinosa. "No son obras de encargo, son un reflejo de lo que pasaba por su imaginación, y prueba de su modernidad y genialidad".
Aunque ha habido diversas interpretaciones de estos grabados, Espinosa considera que es una serie "hermética", en la que todos los análisis parecen ser válidos pero ninguno resulta "concluyente".
En otra de las vitrinas se presenta la segunda edición de la Tauromaquia, con varias obras que ilustran dos enfoques diferentes que dio el pintor al mundo taurino, por un lado el arte de la lidia y por otro la fiesta popular. La serie está compuesta por 33 estampas.
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