En la Fundación Miró hasta el 20 de enero

Lee Miller en el Londres surrealista

  • Barcelona desvela el papel como activista cultural de la fotógrafa estadounidense en una  muestra donde su obra dialoga con la de maestros como Picasso, Maruja Mallo o Henry Moore 

'Eileen Agar junto a una escultura', 1937. © Lee Miller Archives, Inglaterra 201 'Eileen Agar junto a una escultura', 1937. © Lee Miller Archives, Inglaterra 201

'Eileen Agar junto a una escultura', 1937. © Lee Miller Archives, Inglaterra 201 / Lee Miller

Algunas de las imágenes más icónicas del siglo XX se exhiben estos días y hasta el 20 de enero en la Fundación Miró, como la silueta recortada de Eileen Agar ante una columna del Pabellón Real de Brighton (1937). Las firma una de las mujeres más hermosas de todos los tiempos a la que la muestra Lee Miller y el surrealismo en Gran Bretaña reivindica en su condición de artista radical y agitadora.

Conocida como musa de Man Ray, o como fotógrafa de guerra y moda para la revista Vogue, la estadounidense Lee Miller es redescubierta ahora como una pieza central en la red que los artistas surrealistas tejieron en los años 30 y 40 en Inglaterra, huyendo de las tensiones bélicas en la Europa continental.

La comisaria Eleanor Clayton, de The Hepworth Wakefield, el museo inglés donde se inauguró este verano, sostiene que Miller fue una artista tan potente "que los temas que abordó tienen plena vigencia en estos tiempos políticamente erráticos donde la gente se plantea cómo construir su identidad. Ella fue una pionera".

La exposición reúne algunos de sus trabajos más célebres, como su autorretrato en la bañera de Hitler, realizado poco después de que éste se suicidara, pero también otros inéditos en copias modernas. "Es muy interesante tener el archivo de negativos porque la mayoría de sus fotografías sólo se reprodujeron en revistas o periódicos, apenas hay copias de época. Hasta fechas recientes no se le dio valor y entidad a la fotografía, incluso en revistas especializadas. Pero Miller fue una artista surrealista y mucho más".

Lee Miller en la bañera de Hitler. Lee Miller en la bañera de Hitler.

Lee Miller en la bañera de Hitler. / Lee Miller con David E. Scherman (Múnich)

"En el surrealismo", prosigue Clayton, "convivieron artistas con distintas agendas. Teníamos claro que no queríamos forzar una intención feminista que no existiera en el caso de Miller pero ella, como Leonora Carrington, fue una creadora mucho más allá del papel de musa. Es muy interesante mostrar las conversaciones artísticas que se dan entre estas mujeres surrealistas y cómo exploran desde el respeto lo que hacen las otras. Así ocurre con los collages que Lee Miller y Eileen Agar intercambian, o con las fotos que ella realiza de cuadros de Leonora", añade.

Lee Miller comenzó como modelo fotográfica en Nueva York pero en 1929 se trasladó a París para convertirse en aprendiz del fotógrafo surrealista Man Ray, de quien acabó siendo pareja, musa y asistente. En 1930 ya tiene estudio propio y descubre junto a Ray la técnica de la solarización (exponer a la luz una foto a medio revelar para crear efectos de halos). Sus retratos de torsos femeninos dialogan en la Fundación Miró con la reconstrucción actual de una escultura de Ray de 1929, Object of destruction, un metrónomo invertido con el ojo de Miller marcando el tiempo. Poco después, en 1932, dirá: "Preferiría hacer una fotografía que serlo". Para entonces ya tiene voz propia entre los surrealistas británicos que visitan París como Paul Nash, pintor de paisajes desérticos y desconcertantes con ecos de Tanguy o De Chirico.

Fragmento de 'Grajo y excremento', óleo sobre lienzo de Maruja Mallo. 1931 Fragmento de 'Grajo y excremento', óleo sobre lienzo de Maruja Mallo. 1931

Fragmento de 'Grajo y excremento', óleo sobre lienzo de Maruja Mallo. 1931

Las dificultades políticas avanzan en la Europa continental de entreguerras y Londres se convierte en destino de artistas. Allí se inaugura la Primera Exposición Surrealista Internacional en junio de 1936 con un Dalí que casi se asfixia al pronunciar la conferencia inaugural vestido con un traje de escafandra. Miller no pisó la muestra pero estuvo presente a través del cuadro de Man Ray Les amoreux, un paisaje irreal sobre el que se ciernen sus labios.

Tras unos años nómadas en los que abre estudio en Nueva York (1932) y se casa con un empresario y aristócrata egipcio por el que se muda a El Cairo, Miller regresó a París en 1937, donde conoció a Roland Penrose y aceptó su invitación a un "retiro surrealista" en la casa de su hermano en Cornualles. Sus fotografías recogen un tiempo de la amistad que marcará de por vida a los asistentes: Max Ernst y Leonora Carrington entregados a su amor, Paul Éluard y su mujer Nusch, Eileen Agar, Man Ray, E. L. T. Mesens … La mayoría se reencontrará en Mougins (Francia), en la casa de Picasso y Dora Maar.

En noviembre de 1937 Penrose y Mesens organizan en Londres la exposición Surreal Objects and Poems en la London Gallery, que ambos habían fundado. Miller no pudo estar presente pero dio a Penrose las instrucciones para que montara la escultura Le Baiser con una pulsera de dientes y la mano de un maniquí. Su reconstrucción deslumbra en Barcelona junto a obras de Magritte, Agar y Penrose.

Cuando en 1938 Mesens asume la dirección de la London Gallery comienza a publicar el London Bulletin, una revista donde surrealistas europeos como Joan Miró y la propia Miller defendieron ideas progresistas en el contexto de las crecientes tensiones. Debido al avance de los conflictos, en junio de 1939 Miller se instala con Penrose en Londres. Los surrealistas ingleses se reunían mensualmente en The Barcelona, un restaurante del Soho, y allí organizaron su última exposición una semana después de la evacuación de las tropas aliadas de Dunkerque (junio de 1940). Se llamó Surrealism Today y es muy importante porque Miller incluyó, junto a fotografías de sus viajes por Rumanía, Egipto y Libia a finales de los años 30, sus imágenes de la antigua granja que Ernst y Carrington decoraron en el sur de Francia a la manera surrealista, con seres fantásticos, híbridos de humanos y animales.

'Bathing feature', Vogue Studio. Londres, 1941 'Bathing feature', Vogue Studio. Londres, 1941

'Bathing feature', Vogue Studio. Londres, 1941 / Lee Miller Archives

Hasta Saint-Martin d’Ardèche acudió Miller en el verano de 1939, según recuerda la biógrafa de Carrington, Joanna Moorhead. Ahora esas fotografías dialogan en la exposición de la Fundación Miró con dos pinturas magníficas: una de Carrington, Pastoral (1950), donde criaturas aladas con cabeza de caballo similares a las de las fotos sobrevuelan un paisaje, y otra de Ernst, donde los retrata a ambos como humanos-animales, El triunfo del amor (1939). Los nazis sacaron a Ernst de la casa y todo se trastocó para Leonora, que huyó a España y fue recluida en un sanatorio antes de exiliarse a México.

Un capítulo esencial de la muestra reúne encargos que Miller realizó para la edición americana y británica de Vogue durante la Segunda Guerra Mundial. Miller consagró su mirada surrealista a las modas y los paisajes durante el conflicto, con escenas inolvidables del Blitz en Londres. Entre 1943 y 1945 trabajó como corresponsal de guerra oficial de Estados Unidos y tomó fotografías en pleno combate y del desembarco de Normandía. "Paisajes desérticos, estatuas fragmentadas, maniquíes, expresan el extrañamiento radical de la experiencia de la guerra según su mirada. En ningún momento deja al margen los tropos surrealistas", asegura Clayton.

Tras la guerra Miller y Penrose tienen un hijo y se trasladan a Sussex, donde ella retrata a los amigos surrealistas que los visitan, como Max Ernst o como Henry Moore, al que capta abrazado a su escultura Mother and child, instalada en el jardín del matrimonio.

Henry Moore con su escultura 'Mother and Child', Farley Farm, Inglaterra, 1953 Henry Moore con su escultura 'Mother and Child', Farley Farm, Inglaterra, 1953

Henry Moore con su escultura 'Mother and Child', Farley Farm, Inglaterra, 1953 / Lee Miller

El motivo de la cabeza fragmentada le permite dar una dimensión inquietante a los temas que aborda en los 50, cuando comisaría The wonder and horror of the human head en el Institute of Contemporary Arts de Londres (ICA), cofundado por Penrose, donde examinó la imagen de la cabeza humana a lo largo de la historia. En ella mezcló materiales diversos extraidos de las revistas de moda, el periodismo y la publicidad, anticipándose a la fusión de alta cultura y cultura de masas del pop inglés.

Para la comisaria, no hay duda: "Fue creativa hasta el final. Su visión surrealista la expresa en fotografías de cuerpos fragmentados y yuxtaposiciones insólitas; su obra atraviesa las fronteras de la moda y el fotoperiodismo y perdura en la cultura visual británica. Todavía tiene que asumirse el rol decisivo de Miller en el arte inglés".

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