Crítica de teatro

Libertad. Femenina y singular

Un momento de la representación de 'Jane Eyre' en el Gran Teatro. Un momento de la representación de 'Jane Eyre' en el Gran Teatro.

Un momento de la representación de 'Jane Eyre' en el Gran Teatro. / Jordi Vidal

El Gran Teatro abrió sus puertas a la programación de diciembre con Jane Eyre, adaptación teatral de la novela de Charlotte Brontë y producida por Teatre Lliure. Anna María Ricart firma la versión del texto original y supera con sobresaliente la prueba de condensar la historia sin perder fuelle. Contar con una buena dramaturgia otorga ventajas al equipo artístico que debe hacerlo vivo y así ocurre afortunadamente.

Todos los elementos del espectáculo encajan con precisión y buen gusto. La pulcritud escenográfica y sobredimensionada por los paneles-espejo de los laterales transforma el espacio en un lienzo en blanco capaz de dibujar cada cuadro gracias al buen trabajo audiovisual que acompaña unido a los cambios en iluminación y mobiliario.

Carme Portaceli orquesta al reparto de manera magistral y la incorporación de música en vivo aporta más elegancia si aún cabe a la representación. Todo puesto al servicio de cuatro actrices y tres actores brillantes capaces de multiplicarse en todos los personajes que participan en la historia y liderados por una Ariadna Gil que se apodera de su protagonista para llenar el escenario con esa capacidad de conjugar fragilidad y fortaleza al mismo tiempo. Gracias al sorprendente trabajo que desarrollaron cada uno de ellos sobre las tablas, el público quedó encantado y se le hizo corto las dos horas de función.

Como prácticamente todas las escritoras de su tiempo, Charlotte Brontë tuvo que ocultarse bajo seudónimo masculino para que su novela fuera editada, una de las más relevantes del romanticismo junto a Cumbres borrascosas, de su hermana Emily. En una época donde ser mujer era sinónimo de desgracia, Jane Eyre se convirtió en la heroína que se revela a las normas de los hombres y apuesta con todas sus fuerzas por ser libre. Gracias a las muchas Jane Eyres de carne y hueso el mundo se ha convertido poco a poco en un lugar más justo e igualitario. Ojalá sea del todo pronto.

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