Literatura

Gutiérrez Solís lleva hasta la librería Luque 'El lenguaje de las mareas', su regreso a la novela negra

Salvador Gutiérrez Solís, en la librería Luque con 'El lenguaje de las mareas'. Salvador Gutiérrez Solís, en la librería Luque con 'El lenguaje de las mareas'.

Salvador Gutiérrez Solís, en la librería Luque con 'El lenguaje de las mareas'. / Laura Martín

El escritor cordobés Salvador Gutiérrez Solís ha llevado hasta la librería Luque la historia de desapariciones, corrupción e intriga de El lenguaje de las mareas, su vuelta a la novela negra. El autor ha firmado este jueves ejemplares de esta obra que espera poder presentar en otoño.

El libro, publicado por Almuzara, se desarrolla en Ayamonte y en él retoma a la inspectora cordobesa Carmen Puerto como protagonista después de su primera aparición en Los amantes anónimos, de 2016.

Desde entonces, Gutiérrez Solís no había publicado nada. De hecho, ni siquiera había escrito "ni una sola línea". Por eso, esta obra significa "más de lo que mucha gente pudiera imaginar". No ha sido una experiencia "agobiante", pero sí hubo momentos en los que "realmente no sabía si iba a volver a sacar otra novela".

Después de El lenguaje de las mareas sí tiene claro qué senda seguir, tanto que ya está dedicado al que será su próximo libro y que también estará protagonizado por Carmen Puerto. "No sé si era por saturación, porque no encontré la chispa adecuada o porque me quedé bastante traspuesto con lo que pasó con la anterior novela (la editorial cerró en plena promoción)", explica.

Sin embargo, este periodo no ha sido traumático para él porque ha aprovechado para leer, escuchar mucha música, ver películas y series y, en definitiva, vivir y recargar las pilas. Ahora se ha dado cuenta de que le queda "mucho por escribir, y además creo que bastante mejor que lo anterior", confiesa.

Tras cuatro años sin escribir, el autor encontró la chispa un día de playa en Ayamonte

La historia de El lenguaje de las mareas comienza la noche del 30 de agosto de 2018, cuando dos chicas de 17 y 18 años, Sandra Peinado y Ana Casaño, desaparecen sin dejar rastro en Punta del Moral, Ayamonte, junto a la frontera con Portugal.

Sandra es hija de un personaje de máxima actualidad, implicado en un caso de corrupción política, mientras que Ana es una joven de fuerte temperamento que mantiene una relación muy complicada con sus padres, además de una frenética actividad en las redes sociales.

Esta es la base desde la que Gutiérrez Solís construye una novela que retrata plenamente la actualidad y que en ciertos aspectos recuerda a casos reales como el de Diana Quer, Laura Luelmo o La Manada.

La chispa de la escritura surgió el pasado verano en un chiringuito que aparece en la novela -pero con otro nombre- cuando el escritor vio a dos chicas avanzar por el camino de tablas que se adentra entre las dunas. Entonces pensó: "¿Y si desaparecen? ¿Y si nadie vuelve a saber nada más de ellas?". Eso, unido a la geografía de aquella zona, porque "las marismas componen un auténtico laberinto que muy pocos conocen", hizo que volvieran sus ganas de escribir. Surgió "de la manera mas simple" y durante este tiempo ha escrito "muchísimo y muy rápido porque de repente tenía la novela en la cabeza".

Las redes sociales son otro de los temas que aparecen en la obra como forma de denuncia ante el uso abusivo que hacen los jóvenes de ellas, exponiéndose de forma excesiva y "sin saber quién, por qué y cómo te está viendo".

Como protagonista de esta historia ha recurrido de nuevo a Carmen Puerto porque "desde que entró en mi vida tuve muy claro que iba a seguir escribiendo sobre ella", indica el autor. Tanto es así que se está planteando hacer una precuela para contar los orígenes de esta inspectora. En ella retrataría "una Córdoba ochentera y a una Carmen Puerto como agente rasa de Policía que resuelve un caso de forma analógica, a la antigua usanza".

El lenguaje de las mareas es una novela muy visual que se podría adaptar al formato cinematográfico o televisivo, algo que le "encantaría" a Gutiérrez Solís, aunque tiene claro que él no participaría en el proceso.

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