Gerardo Olivares. Director de cine “La primera vez que fui al desierto del Sáhara me enganché a ese mundo”

  • El director cordobés estrena el próximo 1 de marzo su nueva película, '4 latas', una 'road movie' sobre un viaje en coche por el desierto en el que se reencuentran tres amigos

Gerardo Olivares, antes de la entrevista. Gerardo Olivares, antes de la entrevista.

Gerardo Olivares, antes de la entrevista. / Jordi Vidal

El director cordobés Gerardo Olivares vuelve a sus orígenes –aunque con la experiencia de haber rodado seis películas– con 4 latas, una cinta que se desarrolla en África y llegará a los cines el próximo 1 de marzo. Esta road movie narra el reencuentro de tres amigos (Enrique San Francisco, Hovik Keuchkerian y Jean Reno), que inician una aventura para cruzar el desierto. En Córdoba se podrá ver en Cinesur el Tablero y en Guadalquivir Cinemas.

–Tras una trilogía dedicada a niños y animales, ¿por qué ahora ha decidido cambiar de estilo?

–Ya estaba un poco cansado de niños y animales (ríe). Cerré la trilogía de la infancia y la naturaleza, formada por Entrelobos, El faro de las orcas y Hermanos del viento, y me apetecía muchísimo cambiar de registro totalmente y volver a lo que a mí siempre me ha inspirado mucho como cineasta, que es el desierto del Sáhara. Mis dos películas La gran final y 14 kilómetros se rodaron en el desierto y quería volver. Hacía mucho tiempo que me rondaba una idea en la cabeza y rodando en Italia con Jean Reno, se la conté y me dijo: “si la escribes, yo la hago”. Él fue quien me dio el empujón para escribirla.

–¿Por qué una comedia de aventuras?

–Hasta ahora, quitando Hermanos del viento, que fue un encargo, los guiones de todas mis películas son originales míos y siempre he tratado de contar la historia de otros, hechos reales. Esta vez quería narrar mi experiencia en el desierto, desde el primer año que fui en un Seat Panda hasta la frontera de Mali en 1990 hasta ahora he viajado mucho por el Sáhara y siempre me han pasado cosas. A veces divertidas, otras curiosas, tristes, duras... Al final, 4 latas es una historia sobre mí, sobre mis vivencias en el Sáhara. Es una comedia, una road movie, una aventura, pero también hay drama. Entonces, si me preguntas en qué género la pondría no sabría muy bien qué decir.

–¿Qué simboliza el Sáhara para usted?

–La primera vez que fui tendría 15 años y fue con mi padre; y cuando entré, me enganché a en ese mundo. ¿Por qué? No lo sé. Las personas tenemos química con ciertos paisajes o lugares y yo conecté con el desierto. Es un lugar que a mí no solo me atrae, sino que me inspira mucho. Esos grandes espacios, cambios de luces, el silencio... Como decía Karen Blixen, allí Dios y el diablo son la misma persona. Los pueblos que viven allí, los nómadas, esa vida tan dura, la insignificancia del hombre con respecto al entorno... Hay un montón de elementos que a mí me inspiran mucho. Allí me siento muy a gusto; cuando entro en el Sáhara siento que estoy en mi casa. A la gente los desiertos le suelen acojonar, pero a mí es todo lo contrario. Siento que me manejo bien allí.

–Habrá ido muchas veces.

–Muchas. He cruzado el Sáhara por Marruecos y Mauritania, por Argelia y por Mali, por Libia y Níger, por Egipto... Lo he cruzado de arriba a abajo y de izquierda a derecha. Incluso he atravesado el Teneré, que es un desierto dentro del Sáhara, con una caravana de camellos durante 40 días. También lo he cruzado en un carro de vela, que es una especie de tabla de windsurf pero con ruedas. Cómo no iba a contar esta historia.

"Las personas tenemos química con ciertos paisajes o lugares y yo conecté con el desierto"

–¿Cómo ha sido el rodaje de esta película?

–En un principio, yo quería rodar en donde más tiempo he pasado, que es en Argelia, Níger, Mali y Marruecos, pero la situación no es segura, por lo que decidimos rodar en Marruecos y Canarias. Estuvimos cuatro semanas en el desierto en Marruecos y otras cuatro en Fuerteventura y Gran Canaria. Las mayores dificultades han sido las tormentas de arena, el viento y el calor. Yo ya sabía a lo que me exponía, para mí no era nada especial, simplemente retrasaba el rodaje. Pero yo quería rodar esta historia en un desierto de verdad porque al final es una travesía por el Sáhara, por eso hicimos el esfuerzo de hacerlo allí.

–¿Qué hay de autobiográfico y de ficción en 4 latas?

–Hay una historia armada con personajes que forman parte de la ficción, pero casi todos los hechos que les suceden me han ocurrido a mí. Por eso digo que hay mucho de mí en esa película.

–Ha vuelto a contar con Jean Reno. ¿Cómo es la relación con él?

–A mí una productora austriaca me propuso rodar Hermanos del viento y me dijeron que el actor principal iba a ser Jean Reno. Yo no lo conocía y eso me daba mucho miedo. Nunca había trabajado con una estrella internacional de la talla de Jean Reno, que es un big name, y pensaba “le llamo de tú o de usted”. Me citaron en París con él porque me quería conocer antes de decidir si hacía la película o no. Es un tipo con 70 años e imagino que lo último que le apetece es aguantar a directores de cine con sus paranoias. Lo que quiere es hacer los proyectos que le apetece con gente que le apetece. Quedamos para desayunar, yo llegué antes y cuando apareció hubo una conexión. Él es de origen andaluz y no lo llamé Jean, sino Juan. Él habla castellano, empezamos a charlar y surgió una amistad que sigue hasta ahora. Hemos vivido dos películas juntos y eso implica una convivencia intensa; ahí o te odias o te quieres. Nosotros nos hemos llevado muy bien desde el principio: sé que él me respeta y me quiere mucho y yo a él también, y nos hablamos claro y sin tapujos. Como actor, es un tío al que su trabajo le apasiona, que lleva en este negocio más de 40 años y sigue teniendo la misma ilusión en ir al plató a rodar cada día. Se prepara muy bien su personaje y, a pesar de la experiencia que tiene, escucha al director y ofrece propuestas si cree que puede mejorar el personaje. Hay una muy buena comunicación y sobre todo un gran respeto entre nosotros.

Gerardo Olivares. Gerardo Olivares.

Gerardo Olivares. / Jordi Vidal

–¿Cree que esta puede ser su película más comercial? Cuenta con personajes tan conocidos como Arturo Valls y Enrique San Francisco.

–Tal y como está la taquilla, con que haga la mitad de lo que hizo Entrelobos me doy con un canto en los dientes. Entrelobos hizo más de tres millones de euros y más de 500.000 espectadores. Sí que 4 latas es una peli con vocación comercial, para el gran público. No es una película pequeña ni de cine de autor. Por eso hemos metido caras conocidas, y porque la propia historia lo pedía. Esto no deja de ser un viaje de tres fracasados de la vida en un Renault 4 que corrió el primer Rally Dakar en el año 79 y a los que les van sucediendo todo tipo de historias a lo largo del camino. Son historias que, de alguna manera, las he vivido yo. Quienes han visto la película, que no han sido muchos porque aún no hemos hecho ningún pase al público, dicen que hay un poso que al final queda; algo relacionado con la amistad.

–¿Cuánto tiempo ha tardado en sacar adelante el proyecto?

–Desde que me puse a escribir, conseguimos el dinero, preparamos el rodaje, rodamos, editamos y posproducimos han pasado tres años.

–Algo muy trabajado.

–Es lo que suele llevar una película. Hay mucho esfuerzo, mucho tiempo y energía metidos en cualquier película. Es como un parto.

–Hace una semana vivió un pequeño conflicto en Berlín al entregarles de forma inesperada Carles Puigdemont el premio Cinema for Peace a su documental Dos Cataluñas. Un galardón al que habéis renunciado. ¿Se ha llevado alguna desilusión con este tema?

–Desilusión no. Si hubiera ocurrido en Córdoba te diría que sí porque esta es mi tierra y mi casa. No ha sido desilusión, pero sí sentimos que fue una especie de encerrona. Si iba a ir Puigdemont, ¿por qué no nos lo dijeron? Y si iba a entregar un premio y a dar un discursillo de diez minutos, decidlo, porque eso lo sabían. Al final nos han hecho una encerrona. Me ha cabreado porque creo que en la vida hay que ir con la verdad por delante, no escondiendo. No me digas que Puigdemont asiste sólo como mero invitado, como uno más de los 500 que estaban en esa gala, y que no va a entregar ningún premio ni dar discurso. Y luego sucede todo lo contrario. Algunos dicen que nosotros ya sabíamos que íbamos a ganar. ¡Nosotros cómo íbamos a saber que íbamos a ganar! Estábamos nominados, salió un señor con un sobre, lo abrió y dijo que el ganador era Dos Cataluñas y entregaba el premio Puigdemont. Yo no fui, pero mi compadre Álvaro Longoria se comió todo el marrón.

"Con Puigdemont nos han hecho una encerrona. En la vida hay que ir con la verdad por delante"

Dos Cataluñas es un documental de Netflix y 4 latas también estará disponible en esta plataforma. ¿Cree que Netflix está ayudando a los cineastas, aunque algunos lo critiquen?

–Desde luego, aunque nunca llueve a gusto de todos. Como cineasta, Netflix, Amazon, HBO, Movistar y las que vienen ahora como Disney, etcétera, han agitado la industria cinematográfica en este país. De hecho, ahora se están produciendo más que nunca series y películas. Es decir, hay un movimiento en la industria importantísimo y eso ha sido gracias a estas plataformas. Han abierto mucho el abanico y hay gente que ahora tiene una posibilidad que antes no tenía. 4 latas va a estar primero en los cines, por lo que quien quiera verla va a poder hacerlo en la gran pantalla. Y luego, en mayo, se estrenará en Netflix. Como consumidor de cine, series y documentales, ahora tengo mucha más opción a ver películas que de otra forma nunca vería. Va a haber sitio para todos, cada uno tendrá su ventana. Hay mucha gente que no puede ver las películas que le interesan porque no llegan a su ciudad, como le pasa a mi madre. En estas plataformas puede verlas cuando quiera, no a las 22:00 con diez anuncios por medio. Eso es maravilloso. No entiendo cómo se puede criticar eso.

–¿Están ampliando el perfil del espectador?

–Al final, estas plataformas intentan captar al mayor arco de audiencia posible. Eso les obliga a tener mucha variedad, un abanico muy amplio de producto. Luego los algoritmos les dicen lo que el público consume más. Para Netfix yo he hecho un drama romántico, El faro de las orcas; un documental político, Dos Cataluñas; y una road movie de aventuras, 4 latas. ¿Qué tienen que ver? Nada. ¿Por qué lo he podido hacer? Porque Netflix se ha metido. Para mí es divino.

–También es una buena forma de luchar contra la piratería.

–Claro, por unos diez euros al mes que cuesta Netflix tienes una gran variedad de productos. Me parece un precio muy razonable. Además, con calidad de imagen, sonido, subtítulos y versión original. Más fácil no lo pueden poner para acabar contra la piratería los de las plataformas.

–Después de tres películas de animales y niños habrá acabado muy curtido en el tema.

–Por ahora lo dejo aparcado. Como Entrelobos fue un exitazo dije “voy a ir por aquí”. Entonces hice El faro de las orcas y luego un productor austríaco me llamó porque vio en un avión Entrelobos y tenía una historia de un niño con un águila. Hice la trilogía y se acabó.

–Se suele decir que el rodaje con niños es muy difícil...

–Si trabajas con Manolillo (Manuel Camacho, que encarnó al protagonista de Entrelobos en la niñez) no lo es. Es mucho más complicado rodar con algunos actores que con Manolillo. Incluso es a veces mucho más complicado rodar con algunos actores que con lobos.

–¿Sigue teniendo contacto con Manuel Camacho?

–Claro, tiene ya 19 años y está en Madrid estudiando artes escénicas.

–Le picó el gusanillo...

–Manolillo es un artista. No es solo buen actor, sino que canta flamenco, toca el piano y el chelo, pinta... Es un artista. Eso lo lleva en la sangre, ha nacido con ese don. Yo le decía siempre que lo explotara. Tener un don es un regalo. El resto de los mortales tenemos que buscarnos la vida como podamos.

–¿Tiene algún proyecto en mente?

–Sí, lo empiezo en septiembre, pero no puedo contar nada. Ahora estoy haciendo un documental sobre el AVE que están haciendo los españoles de Medina a La Meca. Después del estreno de 4 latas me voy para Arabia Saudí.

–No para...

–No paro. Es que si dejo de pedalear me caigo de la bicicleta.

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