Carlos Goñi. Músico “Me siento un privilegiado por hacer en la música solo lo que me dicta el corazón”

  • Acaba de publicar con Revólver su directo acústico ‘Básico IV’, el ya decimoséptimo disco de la banda, y este sábado ofrecerá en la Caseta Municipal de la Feria más de dos horas de recital eléctrico

El cantante y compositor Carlos Goñi. El cantante y compositor Carlos Goñi.

El cantante y compositor Carlos Goñi. / Efe

Carlos Goñi llega este sábado a Córdoba para ofrecer con su banda, Revólver, un concierto eléctrico de más de dos horas de duración en la Caseta Municipal dentro de las citas musicales de la Feria de Nuestra Señora de la Salud. Y llega con un disco recién editado, el directo acústico Básico IV, un álbum que hace ya el número 17 de los publicados con su grupo.

–Los músicos últimamente insistís a la hora de presentar vuestro último disco que es el mejor de vuestra carrera, ¿es Básico IV su mejor trabajo?

–No, es el mejor que he sabido hacer. Es lo que digo siempre, cada último disco es el mejor que he sabido hacer. Lo que pasa es que hay un par de cosas en este disco que no tienen los demás...

–¿Que no ha utilizado recordings [grabaciones posteriores en los discos en directo para mejorar el sonido]?

–Bueno, eso no lo tiene ninguno de mis discos en directo. Lo que creo es que tiene algunos de los mejores momentos de toda mi carrera, momentos que no tienen ninguno de mis otros discos en directo; y creo que tiene la mejor banda que he tenido nunca, y eso no tiene que ver con que sea el mejor disco ni nada de eso; los buenos a veces no se entienden, y esta vez sí se entienden.

"Sería absurdo renunciar a canciones en las que me he dejado el alma al escribirlas"

–La mejor banda, aunque le falte Ángel Celada, del que dice que es el mejor batería de España.

–Para mí Ángel Celada es el mejor batería de este país. Y eso lo sabe Miguel Giner, que es el batería que llevo ahora, y también lo sabe Eduardo Olmedo, el batería del Básico IV, lo que pasa es que ambos se conocen los códigos de Celada, algo que es muy difícil.

–De El boulevard de los idiotas, Lisa y Fran, Más tequila... con los que suele abrir los conciertos, hasta Tu noche y la mía, El roce de tu piel y Eldorado, con los que los suele cerrar, ¿qué ofrecerá Revólver en Córdoba?

–Una banda en estado de gracia, básicamente. Y además, el concierto de Córdoba no es acústico, como el Básico IV, sino eléctrico. En este caso se nos ha cruzado la gira eléctrica con la acústica. Este de Córdoba va a ser el tercer concierto eléctrico de una gira que nos llevará hasta medidos de septiembre, para luego empezar con los acústicos.

–Bunbury, Loquillo, Mikel Erentxun... ¿se siente un privilegiado por el hecho de ser, como ellos, de los pocos históricos del rock español que sigue grabando discos y dando conciertos con éxito?

–Me siento un privilegiado porque en la música hago sólo lo que me dicta el corazón. 

–Difícil máxima cuando corren malos tiempos para la lírica musicalmente hablando.

–Muy difícil en el mundo de la música y en cualquier otro mundo, si me apuras.

–Sobre todo en unos momentos en los que, como hace unos años defendiera Ariel Rot en uno de sus temas, la canción rock viaja en ambulancia. La industria de la música y lo que la rodea parece haberse olvidado del rock.

–Mira, cuando empecé en esto, hace ya más de 30 años, me acuerdo que leí un artículo de Neil Young en el que defendía que el rock había muerto. A partir de ahí, cualquier cosa que se escriba hablando de ello yo no sé si está demás o da igual.

–Habla de Neil Young, pero no sé si alguna vez le gustó o se sintió identificado con aquel apelativo de algunos medios que le llamaban el Bruce Sringsteen español, cuyo teclista Roy Bittan llegó a colaborar son usted en el disco Calle Mayor.

–Roy Bittan en un crack. Hombre, si después de llevar 17 discos, entre ellos Argán [un álbum que fusionó el sonido habitual de Revólver con instrumentación marroquí e incluyó adaptaciones de letras en árabe] o el Básico II, que grabé con tonos irlandeses, o el disco 21 gramos, o como mi último disco de estudio, Capitol, hay alguno que todavía dice eso... Pues le diría, hombre, échale un vistazo a más de 30 años de carrera con discos tan distintos y luego me cuentas. Lo que sí es cierto es que somos lo que fuimos y al final cada día que pasa es el que te configura como eres hoy. Todo lo que oyes, todo lo que lees y todo lo que vives es lo que te va configurando. Hoy en día Springsteen no es de mis favoritos, aunque sigo pensando que su Born to run sería, si tuviera que elegir cinco discos que llevarme a una isla desierta, uno de ellos.

Goñi, durante la grabación de su último disco. Goñi, durante la grabación de su último disco.

Goñi, durante la grabación de su último disco. / Irene Bernad

–Antes le he preguntado por ese tópico de los músicos de que su último disco es el mejor y le pregunto ahora por otro tópico, el de que hay canciones que los músicos odian tocar en sus conciertos, ¿le ocurre eso?

–No, qué va. Sería absurdo renunciar a canciones que he parido. Me he dejado cachitos de mi alma escribiendo El roce de tu piel, Tu noche o la mía, Eldorado, Calle Mayor, San Pedro... Es como digo, si voy a ver a los Stones y no tocan Honky town woman, pues acabo saliendo con un cabreo monumental, porque, entre otras, esa es una de las canciones que hacen que vaya a verlos.

–¿Se quiere a todas las canciones que se componen por igual?

–Sí, independientemente del éxito que hayan tenido, lo que pasa es que algunas a lo mejor el público luego las hace más grandes.

–¿Cómo organiza la elección de un repertorio como el que sonará en Córdoba? ¿Por qué escoge unas canciones y no otras?

–Lo organizo muy mal. No se trata de acertar, sino de equivocarte lo menos posible, y para que esto no me ocurra o me ocurra lo menos posible lo que hago es plantear, por ejemplo, en los teatros un repertorio de 40 o 50 canciones y cambio alrededor de un 40% o un 50% del repertorio de un concierto a otro. Es más, en algunos casos ni siquiera los músicos saben qué canción viene, como pasó en uno de los primeros conciertos de la gira, en Bilbao, en el que ellos empezaron una y yo empecé otra, y tuve que parar.

–¿Cuál era?

Eldorado.

–Tras 17 discos, ¿hay alguno del que no se sienta lo suficientemente satisfecho?

–Sí, del Básico III.

–Creía que me iba a decir, por su sonido, del primero.

–Hombre, en el primero era un pardillo, en el primero probablemente tenía que haber cogido al productor del cuello (risas), no lo sé...pero tampoco tenía yo bagaje para hacerlo, máxime cuando la compañía me dijo que si me lo quería producir yo y yo había dicho que no porque no me atrevía todavía, así que tampoco puedo culpar a nadie. Creo que el primer disco debería haber sonado mucho mejor y, en fin, estar hecho de otra manera. Pero es que en el Básico III yo era ya el responsable absoluto, por lo que todos los errores que tiene, que son algunos, son responsabilidad mía, con lo cual la culpa es mía.

–Hablando de sonido y de composición, ¿su último disco de estudio, Capitol, es quizás un punto de inflexión en su música?

–No lo sé, ese creo que tiene algunas canciones de las que con suerte se van a quedar muchos años conmigo. Hombre, es el primero de una nueva época en mi vida, porque es el primero que publico con mi propio sello, lo cual no tiene nada que ver a nivel creativo, porque a mí Warner, mi anterior compañía, jamás me ha dado ninguna directriz sobre cómo tenía que plantear un disco y siempre me han respetado, por lo que yo tenía una libertad absoluta infinita.

–Uno de sus últimos discos con Warner fue Argán, ese disco con tintes árabes que  considera que no fue muy entendido..

–Nada entendido, sin embargo ahora mismo cada vez que hago alguna entrevista una de las primeras preguntas que me hacen es que si no me parece que a Argán el tiempo lo pondrá en su sitio. Y mi contestación siempre es la misma: "ya me hubiera gustado veros a todos el día que lo saqué".

–Después de más de 30 años de carrera, ¿qué es lo que busca con su música?

–Busco la excelencia. Al final se venden los discos que se venden y llevo los discos que llevo y hago, como te he dicho antes, lo que me dicta el corazón y el alma, y nunca me he dejado llevar por algo que no fuera eso. Y soy consciente de cómo son las cosas y de que meto la gente que meto en los conciertos, que gracias a Dios es mucha, pero también sé que hay otros artistas que llenan locales mucho más grandes que yo no lleno, cosa que no me come la cabeza. Pero sí que hay algo que es verdad, teniendo en cuenta esto y teniendo en cuenta que siempre lo he hecho lo mejor que he sabido, lo que más me importa ahora en mi vida es buscar cantar y tocar de la mejor manera posible y que cuando vayas a un concierto de Revólver aunque digas que "es un grupo que musicalmente no me atrae mucho, estos tíos tocan que te mueres y el espectáculo es precioso...". Eso es la excelencia, trabajar como un animal para que la guitarra sea la mejor guitarra posible. Yo no llevo una guitarra de 1.500 euros a un concierto, sino que me llevo la mejor que tengo, y las púas que he tenido que comprar para cambiar la manera de tocar porque me he puesto a estudiar como un burro esta serie de cosas, vale cada una 55 pavos. ¿Y por qué? pues porque suena mejor y a mi es lo que más me importa.

–Y después de más de 30 años de carrera, ¿qué es lo que más le importa a la hora de transmitir a la gente en los conciertos?

–Pues que la gente se vuelva a casa con el precio de la entrada en el bolsillo y algo más, ya que al fin y al cabo nos dedicamos a entretener y a intentar hacer la vida más agradable a todo el mundo que viene a nuestros conciertos.

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