'Demonios familiares' revela a una "Matute en estado puro"
La novela póstuma de la escritora plantea una historia de amor en la España de 1936
Ana María Matute murió el pasado 25 de junio sin poder acabar su última novela, Demonios familiares, ya en las librerías. Una narración que es "la Matute en estado puro", en opinión de su hijo Juan Pablo, porque reúne todo su universo y sus obsesiones.
Las obsesiones que guiaron el trabajo literario de la escritora catalana a lo largo de su vida fueron "la falta de comunicación, la incomprensión, cómo se podía vivir junto a personas cercanas, familiares o amigos con muros de silencio, los rencores no curados o la traición", dice en el libro María Paz Ortuño, profesora, "amiga del alma" y ayudante de Matute hasta el final de su vida. Así lo reconoció ayer durante la presentación de Demonios familiares, publicada por Destino, la propia Ortuño, la mujer que pasó horas y horas junto a la escritora y quien pasó el manuscrito al ordenador después de que ella lo hiciera en su máquina de escribir; primero en una vieja Olivetti y después en una sofisticada Brother.
La presentación del libro póstumo de Matute sirvió de homenaje a la escritora y se llevó a cabo en la sede madrileña del Instituto Cervantes con la presencia de Víctor García de Concha, Almudena Grandes, Ortuño, los editores de Destino Emili Rosales y Silvia Sesé y el único hijo de la novelista, Juan Pablo Goicoechea.
Éste reconoció que todavía habrá alguna sorpresa de la escritora. "Hay material que estamos revisando Mari Paz Ortuño y yo y no es que salga una novela, pero sí hay cosas muy interesantes", indicó la persona que llegó a ser su sombra en los últimos tiempos, cuando ya la escritora no podía andar y a la que llevaba en su silla de ruedas.
En Demonios familiares, la autora de Olvidado rey Gudú cierra el círculo de Paraíso inhabitado, una historia con el trasfondo de la Guerra Civil, en julio del 36, en una pequeña ciudad del centro de España, donde la protagonista, Eva, vuelve a su casa tras la quema del convento donde estaba de novicia.
Una casa con muchos personajes simbólicos y donde priman los secretos, los rencores, los silencios y las emociones reprimidas. Pero a pesar de la soledad y las dificultades estalla el amor.
¿Una novela de corte realista?, se pregunta Pere Gimferrer en el prólogo del libro, donde también se contesta: "Todo ello es real, pero no necesariamente realista; verdadero muy hondamente, pero no necesariamente verídico o veraz como una crónica...".
"Todo ello en ella es muy de verdad, pero esta verdad se encuentra en ella misma", escribe Gimferrer.
En este sentido, la escritora Almudena Grandes, gran admiradora y amiga de Matute, a quien calificó como una de las mejores autoras en lengua española del siglo XX, "mejor decir uno de los mejores escritores del siglo XX", espera que "esta novela sirva para volver a títulos" como Los hijos muertos, libro que considera "la mejor novela del siglo XX".
Grandes, que destacó "la honradez y la coherencia" en la escritura de Matute, "y hasta en su piel", explicó que con Demonios familiares el lector puede terminar a su gusto la historia de la protagonista, Eva.
Ortuño reveló que la novela estuvo a punto de llamarse Vértigo, por los vértigos que atenazaban a la escritora en los últimos meses de su vida, para recordar el sentido del humor que tuvo la autora de Los Abel hasta el final de su vida.
La ayudante de Matute recordó cómo se fue gestando la obra, cómo la autora trabajó hasta el final de su vida, lo perfeccionista que era y cómo corrigió todo hasta el último momento.
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