Cultura

Cristina Morales obtiene el Premio Herralde con la novela 'Lectura fácil'

  • La autora granadina propone una nueva historia de combate ideológico "desde la fiesta del lenguaje"

Cristina Morales, fotografiada ayer en Barcelona. Cristina Morales, fotografiada ayer en Barcelona.

Cristina Morales, fotografiada ayer en Barcelona. / alejandro garcía / efe

Cristina Morales, nacida en Granada en 1985 y hoy afincada en Barcelona, obtuvo ayer el Premio Herralde de Novela y los 18.000 euros en metálico del galardón con Lectura fácil, una obra protagonizada por "los llamados administrativamente discapacitados intelectuales".

Licenciada en Derecho y Ciencias Políticas, especializada en Relaciones Internacionales y autora de obras como Los combatientes (2013), Malas palabras (2015) y Terroristas modernos (2017), Morales suele combinar temas arriesgados y con una fuerte aunque no panfletaria carga política, con una prosa imaginativa y de gran riqueza plástica. Así hace de nuevo -según el jurado- en Lectura fácil, libro en el que narra la historia de cuatro mujeres, Marga, Nati, Patricia y Àngels, con vínculos familiares y origen común con diversos grados de discapacidad intelectual que comparten un piso tutelado en una Barcelona con paro, desahucios, mentiras, okupas, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y los ateneos libertarios como telón de fondo.

"La novela trata sobre la Barcelona que me ha tocado vivir desde hace seis años", explicó Morales. "Llegué sin un duro, viviendo en pisos con cucarachas y pudiendo comer sólo mortadela, pero eso no es interesante", añadió la autora, que por ello prefirió hablar de esa ciudad y de ese clima social asfixiante y enrarecido mediante personajes de "gran potencia" por hallarse "en los márgenes de los márgenes de la vida real".

"La literatura ha dado poca cabida a voces de este tipo y aunque existe una tradición literaria de la locura, no así en torno a lo que los castellanos denominaban el idiota o el tonto del pueblo", precisó Morales, que durante la escritura tuvo muy en cuenta a personajes como Benjy de El ruido y la furia (Faulkner) y Zacarías de Los santos inocentes (Delibes), que fueron "vehículos para hacer crítica de clase". En cualquier caso, pese a la "seriedad" con la que ha querido abordar el tema, la joven escritora recordó que su novela está hecha también "desde la gracia, la fiesta del lenguaje, desde el humor, porque una escribe para pasarlo bien".

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