Las cosas que sé que son de verdad | Crítica

Cociendo habas

Una escena de 'Las cosas que sé que son de verdad', en el Gran Teatro. Una escena de 'Las cosas que sé que son de verdad', en el Gran Teatro.

Una escena de 'Las cosas que sé que son de verdad', en el Gran Teatro. / Juan Ayala

Tercer sábado seguido en lo que llevamos de temporada que el Gran Teatro ha podido abrir sus puertas. Un logro que debemos apreciar dada la incertidumbre que nos toca vivir y el público cordobés también supo valorar agotando las localidades disponibles para ver La cosas que sé que son verdad.

Bajo la estructura convencional que brinda una familia de clase media trabajadora, Andrew Bovell construye este relato minucioso sobre los conflictos materno y paterno-filiales como reflejo de las tensiones que cada individuo debe soportar en su búsqueda para sentirse realizado.

El jardín, perfectamente cuidado y delimitado sobre la escena, se convertirá en un cuadrilátero donde todos los miembros de esta familia aparentemente unida cambian de rol: a veces son púgiles, otras veces árbitros, entrenadores, asistentes...

Cada round muestra al espectador la verdadera naturaleza de los protagonistas que pisan el ring: sus motivaciones, deseos, miedos y frustraciones son los golpes que asestan y reciben. Como todo en la vida, el combate también finaliza de forma brusca con un golpe rotundo capaz de unirlos de nuevo ante la adversidad.

Julián Fuentes Reta saca el mayor de los partidos a este fantástico texto del autor australiano y, gracias a la versión de Jorge Muriel (quien también participa como actor en la obra y de manera brillante), confecciona la escena con gran maestría, logrando el dinamismo idóneo para mantener la acción viva sin caer en atropellos e incluso logrando pinceladas cómicas que alivian el exceso de carga dramática, gran parte contenidas en el estupendo trabajo de Verónica Forqué, unos de los mayores pilares que sostiene la historia.

A su lado cuenta con un magnífico grupo de profesionales. Junto al mencionado Jorge Muriel, Julio Vélez, Pilar Gómez, Borja Maestre y Candela Salguero completan un equipo de actores y actrices soberbio, prestando a sus personajes un caudal de emociones que nos absorbe y atrapa desde el primer minuto.

La familia y el hogar. Un entorno en el que somos acogidos y nos toca vivir nuestros primeros años, nos condiciona y conforme pasa el tiempo impulsa a modelar con otras personas nuestra propia forma de entender este concepto. Donde compartimos tanto alegrías como desgracias y, pese a todos los conflictos, como dice nuestro paisano don Antonio Gala, siempre será ese lugar "donde uno es esperado". Cuidemos de ella todo lo que podamos.

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