Ballet Flamenco de Andalucía | Crítica de Flamenco

Airosa conjunción flamenca

Dos de los integrantes del Ballet Flamenco de Andalucía, el pasado sábado en las Tendillas. Dos de los integrantes del Ballet Flamenco de Andalucía, el pasado sábado en las Tendillas.

Dos de los integrantes del Ballet Flamenco de Andalucía, el pasado sábado en las Tendillas. / Juan Ayala

Fue el comienzo de la velada de una cartelera flamenca protagonizada por las damas de tan singular arte, todas excelentes. Interesante, considerando que la Noche Blanca de este año estuvo dedicada a todas la mujeres del flamenco.

Pero, como a todas las reuniones programadas no podíamos acudir, convencidos de acertar, empezamos por el principio persuadidos de haber elegido lo que más nos satisficiera. Y, complacidos con los reluctantes encuentros seleccionados, esperamos que para próximas noches blancas de Córdoba podamos asistir a las que se quedaron atrás.

Así, en la plaza de Tendillas y por primera vez en la Noche Blanca estuvo el Ballet Flamenco de Andalucía –próximo a cumplir sus bodas de plata–, tras otros festejos donde ya fueron actores principales aquí, y siempre al alza.

Esta brillante agrupación de baile, cante y toque respondió como en los precedentes espectáculos que ha venido presentando. Naturalmente Flamenco conllevó las razones contundentes que lo vaticinaba, puesto que los miembros del elenco protagonista contribuyeron a hacer realidad tal “suite sin ningún guion ni hilo conductor”, luciendo en su cabecera de cartel el buen hacer de Úrsula López y Rubén Olmo.

De manera que, cuando a ello sumamos la presencia en escena del cuerpo de baile formado por cinco mujeres y cuatro hombres dotados para el menester, todo fueron parabienes para que la noche fuese redonda.

Vistosos ajuares y en una selección de palos flamencos competentes para la ocasión, en la que el Ballet se volcó emocionando a la audiencia citada en el centro de la ciudad, ya en bulerías, alboreá, por tangos, bella Danza del Fuego, con seguiriya, caña y para finalizar con una muestra de la escuela bolera transmutando en palos flamencos, conjuntando a las jóvenes figuras que bailaron, tocaron y al cante, que los destinatarios ovacionaron por su tesón hasta que pusieron un brioso broche final.

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