Agustín Fernández Mallo | Escritor

“Una metáfora puede ser un mecanismo tan preciso como un cálculo matemático”

  • El autor de 'Trilogía de la Guerra' y 'Nocilla Dream', referente esencial de la literatura española en la actualidad, regresa a las librerías con su ensayo 'Teoría general de la basura'

El escritor Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967). El escritor Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967).

El escritor Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967). / Juan Carlos Vázquez

Hubo quien pretendió bautizar con el título de una de sus novelas una generación entera, pero, en cualquier caso, Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) es una referencia necesaria de la literatura española contemporánea, merced a novelas como Nocilla Dream (2006), Limbo (2014) o Trilogía de la Guerra (Premio Biblioteca Breve en 2018), además de títulos representativos de la poesía postpoética como Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus (2001) o Carne de píxel (2008). Ahora publica el ensayo Teoría general de la basura (Galaxia Gutenberg), una abrumadora definición de las artes y las ciencias como entidades construidas a través no de la excelencia sino del reciclaje de despojos y restos pasados.

-Si hacemos caso a Wittgenstein, ¿no es la construcción cultural el producto de un lenguaje, el verbal, incompleto, incapaz de abarcar la realidad? ¿Tal vez sea esta tara lo que nos hace distinguir las fuentes como basura?

-Qué duda cabe de que algo de eso hay. Esa idea del lenguaje como algo incompleto, que echa mano como puede de distintos elementos para nombrar las cosas con mayor o menor fortuna, está muy extendida. Pero, la verdad, yo no creo que esto sea así. Aunque el lenguaje sea limitado y en ocasiones parezca que no alcanza a definir bien la realidad, también es cierto que puede llegar a ser extraordinariamente preciso respecto a esa propia realidad. La metáfora es un ejemplo perfecto. A la hora de concretar la realidad y nombrarla, una metáfora puede ser tan precisa como un cálculo matemático. Estoy convencido de ello. Entonces, no creo que los residuos de los que nos valemos para construir nuestra cultura lo sean por una mera cuestión de lenguaje. En un principio, los creadores se valen de la basura que toman de otros creadores, pero después muchos de ellos sí llegan más allá. Piensa en Cervantes, que tomó como referencia las novelas de caballería para crear después algo como el Quijote, que trasciende con mucho aquellos residuos. Que distingamos aquí la basura de lo que vino después no es únicamente una cuestión del lenguaje.

-Perdone que insista: a la hora de establecer la mímesis, el principal escollo que encuentran los ingenieros de inteligencia artificial hoy día es la recreación del lenguaje humano, siempre cambiante y mucho menos previsible que el lenguaje matemático. ¿En qué medida es la imperfección del lenguaje, su incapacidad, lo que determina una cultura en lugar de sus aciertos y sus certezas?

-Niego la mayor: no creo que el lenguaje humano, o verbal, o literario, el no matemático en resumen, sea más imperfecto que el lenguaje matemático. También se podría decir que el lenguaje matemático no llega a donde llega el lenguaje verbal. La idea de que un lenguaje menos preciso es menos perfecto responde a un prejuicio racionalista; y, a su vez, la idea de que es la imperfección del lenguaje, y no su perfección, la que genera una cultura es una respuesta típicamente humanista. No creo que las diferencias entre el lenguaje verbal y el matemático sean tan claras. El lenguaje matemático también tiene sus metáforas. Es más, en sí mismo el lenguaje matemático es una metáfora. La ecuación de una recta es una metáfora de una línea recta que podemos trazar en una pizarra, y al revés. Si atendemos al hecho de que la construcción de la cultura es un fenómeno complejo, esa complejidad nos dice que todo lenguaje es metafórico. También el matemático. Así la cuestión no es en modo alguno la distinción entre lenguajes perfectos o imperfectos, lo que es una aporía del siglo pasado.

-Si aceptamos que la cultura se construye a partir de las basuras precedentes, ¿no hablamos inevitablemente de un proceso de degradación continua?

-No, no deduzco una cosa de otra. El primer ser humano que llegó a definir un elemento que pudiéramos reconocer como cultural ya dejó su basura, generó su propia cantidad de residuo que después otros percibieron y emplearon para hacer sus respectivas construcciones culturales. Pero no es tanto una historia con un origen perfecto e inmaculado que se va degradando con el tiempo, ni de lo contrario, sino de un proceso que se desarrolla mediante sistemas complejos. La creación cultural no es un fenómeno lineal, no se establece de esa manera, sino que evoluciona como una red de elementos relacionados entre sí de muchas maneras a la vez.

-Hacía antes referencia al humanismo. ¿Cómo interpreta el apogeo de las tesis posthumanistas?

-Dentro del posthumanismo hay muchas tendencias, a veces incluso contrapuestas. Podríamos situar su origen en los 80, con la cultura cyborg, de la que nacen dos corrientes, digamos, enfrentadas: una que postula la posibilidad futura de volcar o insertar la mente humana, con su personalidad y sus recuerdos, en una máquina, con lo que el ser humano como tal se daría por terminado; y otra que plantea más bien una revisión del humanismo clásico con el objetivo de llevarlo al lugar que le corresponde hoy día, cuando de hecho el ser humano es un cyborg que necesita de la tecnología para completarse. Entonces, necesitaría saber de qué posthumanismo hablamos para emitir una valoración.

-Dejémoslo en el que anticipa un mundo exento por completo de cualidades netamente humanas.

-Pero es que es imposible que lo humano desaparezca por completo. La distinción entre lo artificial y lo humano es otra aporía, ya que todo es artificial y humano a la vez. Si atiendes al paisaje, lo que encuentras ahí es el resultado de tu mirada, de una mirada humana. Por eso, quienes sostienen que lo natural está fuera de lo humano incurren en otra aporía: lo natural sin lo humano no tiene sentido.

-Respecto a la apropiación cultural, ¿cómo valora el debate actual que reduce su práctica a una mera anexión colonialista?

-Que es una estupidez. Ese debate estás más que superado desde los años 50 del siglo pasado. Todas las culturas cambian y evolucionan porque se apropian de elementos de otras culturas y porque sus elementos pasan a formar parte de otras culturas. Si no hay apropiación, cualquier cultura se muere. Una cultura sin intercambio y sin apropiación es genéticamente débil y está condenada a la extinción, lo mismo que cualquier especie biológica. No hay ni una sola manifestación cultural contemporánea que no sea resultado de una apropiación. El debate actual sobre la apropiación cultural es un debate inculto. Y lo es porque desconoce los mecanismos de la cultura. Confunde la cultura con un identitarismo fanático.

-¿Su pervivencia es un éxito de los nacionalismos?

-Me parece más acertado hablar de identitarismo. Que, por cierto, también es una apropiación.

-En Teoría general de la basura habla de internet como de una cultura forjada en el espacio, no en el tiempo. Y si hablamos de espacio, cabe hablar de fronteras y de la gente que se queda al otro lado. ¿El analfabetismo digital es una garantía para las élites?

-Tienes razón al señalar esas fronteras como un procedimiento de exclusión. Pero yo no responsabilizaría a la digitalización de la cultura sino a ciertas políticas. Aunque no me dedico a eso. Sólo me concentro en los procedimientos.

-¿Cuánto hay del poeta Fernández Mallo en esta Teoría general?

-Todo. Escribí ese libro como un poema. No es un ensayo académico ni sistemático, no persigue conclusiones. Se basa más bien en intuiciones. Hay ideas que tal vez no se justifican pero que están ahí porque uno sospecha que son posibles. Como en un poema.

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