Novedades discográficas | Motetes de Bach Los motetes de Bach y el espíritu de la danza

  • Pygmalion, el conjunto de Raphaël Pichon, vuelve sobre Bach en Harmonia Mundi con un registro que contextualiza sus motetes con obras de una colección de principios del XVII

Raphaël Pichon (París, 1984), fundador del conjunto Pygmalion. Raphaël Pichon (París, 1984), fundador del conjunto Pygmalion.

Raphaël Pichon (París, 1984), fundador del conjunto Pygmalion. / François Sechet

En 2008 un joven músico francés formado en Versalles sorprendió al aficionado a la música barroca con un disco en el sello Alpha dedicado a un par de misas luteranas de Bach que asombró por su vigor expresivo y su frescura. El joven se llamaba Raphaël Pichon (París, 1984) y el grupo que había fundado para ese empeño respondía al nombre de Pygmalion. En los años siguientes, Pygmalion remataba la integral de las misas luteranas de Bach con dos nuevos discos, el segundo de los cuales no era otra cosa que la Misa en si menor en su estado primigenio de 1733, esto es, conteniendo sólo Kyrie y Gloria.

Pichon y su conjunto llamaron enseguida la atención de festivales, programadores y productores, y Harmonia Mundi, la gran compañía francesa del clásico, lo incorporó a la nómina de sus artistas, primero (2013) con un espléndido Dardanus de Rameau en formato audiovisual (DVD y BluRay) y enseguida (2014) con un nuevo acercamiento a Bach, la reconstrucción de una cantata fúnebre conectada a la Pasión según San Mateo y la Trauerode.

Desde entonces, Pichon y su Pygmalion se han convertido en uno de los grupos punteros del Barroco europeo, y no sólo del Barroco, pues en sus trabajos discográficos se han acercado a Monteverdi, Luigi Rossi, la Florencia del XVI o el Versalles de Luis XIV, pero también a Gluck, Mozart y ¡hasta Wagner! Vuelven a Bach con este álbum en el que a los seis motetes BWV 225-230 añaden una serie de piezas extraídas de una colección coral publicada en Leipzig en dos partes (1618, 1621), el Florilegium Portense, que Bach hizo comprar hasta dos veces para la biblioteca de Santo Tomás.

Bach. Motets - Pygmalion. Pichon Bach. Motets - Pygmalion. Pichon

Bach. Motets - Pygmalion. Pichon

La auténtica filiación de los motetes de Bach no ha dejado de generar dudas desde el gran trabajo de catalogación emprendido en el siglo XIX. De los seis que tienen la numeración correlativa y ha grabado aquí Pichon es más que dudoso el último de ellos, Lobet den Herrn, alle Heiden, mientras que hoy suele incluirse también en la nómina O Jesu Christ meins Lebens Licht, en su día considerado cantata, acaso por el acompañamiento instrumental completamente escrito, y por ello catalogado como BWV 118. Incluso se ha propuesto que Ich lasse dich nicht du segnest mich denn, obra atribuida mucho tiempo a Johann Christoph Bach (1642-1703), tío admiradísimo por Sebastian, sea en realidad una obra de la juventud del Cantor y por ello se ha incluido en apéndice como BWV Anh.159.

Al interpolar las piezas del Florilegium Portense entre los motetes de Bach, Pichon parece querer destacar el impacto que aún tenía en Bach la policoralidad de origen veneciano y mostrar las resonancias de aquellas músicas en su trabajo cotidiano en el Leipzig del siglo XVIII. Dos de las obras antiguas están a siete voces (Osculetur me de Vincenzo Bertolusi y Ecce quomodo moritur justus de Jacobus Gallus) y dos a ocho (Tolerunt Dominum de Hieronimus Praetorius y Jubilate Deo de Giovanni Gabrieli). Conviene recordar que cuatro de los seis motetes de Bach están también a ocho voces. Las excepciones son Lobet den Herrn, alle Heiden BWV 230, que está a 4 (justo una de las razones que se ha esgrimido para considerarlo espurio), y Jesu, meine Freude BWV 227, a 5.

Aunque se dice con frecuencia que los motetes solían tener en el Leipzig de Bach una función fúnebre, lo cierto es que sólo BWV 226, 227 y 228 se sabe con certeza que nacieron para funerales concretos, mientras el destino de los otros tres es desconocido, aunque el tono exultante de BWV 225 y BWV 230 difícilmente puede relacionarse con una función religiosa mortuoria.

Pichon incluso enfatiza en su interpretación uno de los elementos esenciales de esta soberbia música bachiana, su conexión con la danza. El componente rítmico se impone como elemento esencial de unas versiones en las que, acaso para aproximarse a la interpretación a cappella de las piezas del XVII, se renuncia al empleo de instrumentos orquestales colla parte, como parece haber sido práctica en época bachiana y han recogido tantas grabaciones, apostando por un continuo de seis instrumentos que realza la fuerza expresiva de un soberbio conjunto coral de 28 voces.

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